Socios en lucha por los recursos

La verdad, aunque a veces cueste digerirla, ayuda a encontrar el camino. La verdad nunca desanima. Lo que desanima es la mentira.

La lucha contra la mentira

Es cierto que hay una lucha pendiente en esta ciudad. Todos debemos luchar por conseguir las cosas que nos faltan. Las calles rotas, la falta de semáforos y los zanjones a cielo abierto, todas esas cosas y otras muchas, integran la pelea de superficie, la batalla que hay que librar para conseguir que los habitantes de esta comarca vivan un poco mejor. Pero hay otra lucha de la que nadie habla y que es tanto o más importante que la lucha de superficie: Esa es la lucha contra la mentira.

Algunos ciudadanos han adoptado el oscuro y dañino vicio de mentir y, entre esos, los que más se destacan en esta práctica son, precisamente, los que tienen la obligación de rendir cuentas o justificar su conducta ante los vecinos contribuyentes. La mentira es peligrosa porque, como los piojos, cuando invade lo hace en serio. Claro que la mentira no se combate como se combaten los piojos, a la mentira no hay más remedio que descreerla. No se puede hacer otra cosa.

Sinceridad brutal

Un empresario destacado de nuestra ciudad dijo en un programa de la televisión local que “Esperanza carecía de posibilidades para instalar un Parque Industrial porque no tenía nada que ofrecer a las empresas”. Y se daban razones de peso cuando se decía que lo más caro estaba muy lejos del alcance de quienes pretendían instalarse. El gas estaba lejos. Los sistemas de tratamiento de fluentes industriales, todo lo más oneroso estaba casi fuera del alcance. ¿Los que hacen la apología de las ventajas del parque saben estas verdades?. ¿Se le informa a aquellos que decidieron adquirir un terreno en el “futuro” (Muy futuro) Parque, sobre las cifras millonarias que deberán enfrentar como propietarios? Si los entusiastas voceros que hacen la apología del proyecto le ponen paños fríos a la fortuna que habrá que desembolsar para conseguir el gas, construir el sistema de tratamiento y urbanizar el campo adquirido con asfalto, agua, luz, desagües y cloacas, entonces, si bien no están mintiendo, le pegan en el palo. Hay muchas formas de mentir, patear la verdad para adelante es una de esas formas.

Una empresa muy importante de nuestro medio decidió instalarse en Franck porque su responsable consideró insuperables (por onerosos) algunos de los problemas que se citan más arriba. La empresa se fue a Franck, luego de un largo período donde se agotaron todas las instancias para dejar la planta en nuestra ciudad. ¿Por qué no se tomó este caso como ejemplo? Así y todo la instalación en el pueblo vecino no resultó fácil, justamente porque el asunto del gas y desagües fue un impedimento importante que hubo que sortear. Conste que se trata de una sola empresa. ¿Cuál es la cifra que se maneja para instalar esos servicios esenciales para un Parque Industrial en serio en nuestra ciudad? Pensemos, siguiendo las palabras del principal vocero del parque, Mauricio Caussi, que se trata de urbanizar ni más ni menos que 60 hectáreas. Urbanizar, traer energía y preservar el medio ambiente. ¿Quién paga todo eso?. ¿Créditos blandos?. Blandos o duros, en definitiva, son créditos que hay que devolver. No son subsidios. Hay que hablar de números. Los números establecerán la distancia entre lo posible y lo imposible.

Las obras que anuncian las gargantas de los “inquietos” animadores traen más preocupación que entusiasmo. “Comenzaremos con el desmalezamiento”, dice Caussi. ¿Cortar los yuyos es lo único que podemos hacer? Por supuesto que no, podemos hacer otras cosas, pero primero hagamos una “vaquita” entre los integrantes del consorcio para pagar el corte de yuyos y después veremos como sigue la historia. Lo que asusta es que se anuncie el “desmalezamiento” como una obra, como si no hubiera otra cosa que anunciar, da la impresión que se dice cualquier cosa para que no decaiga la fe. Causan escozor los nombres que le ponen a los hechos sencillos, “desmalezamiento”, “asamblea de consorcistas”, “ingeniería financiera”. Da miedo. Y no es que da miedo el parque industrial y sus aparentemente insalvables inconvenientes. Lo que da miedo es la mentira.

Reunión con la sucursal local de Banco Nación

La Intendenta dijo: “El conjunto de empresas que compró un terreno en el predio destinado al Parque Industrial necesita financiar 34 millones”. Traducción: Plata para el terreno, plata para la infraestructura, plata para radicación. Si no aporta a la financiación el estado municipal, provincial y nacional el objetivo parece demasiado lejano. Y no son créditos (solamente) lo que necesita el fideicomiso, lo que hace falta son aportes concretos no reintegrables. De eso hay poco.

Por su parte, el Lic. Mauricio Caussi agregó que “la idea fundamental que buscamos con la obtención de un crédito a tasa y plazo convenientes.

El gerente del Banco Nación responde: Nos comprometemos hasta donde podemos.

Y prosiguió: “próximamente nos estaremos comunicando para reuniremos nuevamente, y de esta forma presentarles algunas alternativas financieras que podemos ofrecer como Banco Nación”.

Manifiesto final

Entiéndase bien, no se está diciendo que el proyecto de Parque Industrial abortará o algo parecido. Lo que se intenta decir es que hay una distancia notable entre las obras imprescindibles, es decir: entre lo que “pueden” los socios y lo que pregona el funcionario Caussi y otros entusiastas animadores. A los jóvenes empresarios que compraron su terreno les toca tener esperanzas, espíritu emprendedor o (como dicen ahora) “inquietudes”, es un privilegio que nadie les puede quitar. Pero a nosotros los periodistas “amateurs” de esta ciudad nos corresponde algo más amargo, capitalizar la experiencia y, claro, luchar contra la mentira. Más claro: avisamos a los conciudadanos cuando vemos que les están palpando las nalgas ¿se entiende?. Por supuesto que si se pudiera hacer una mezcla entre experiencia e inquietudes, algo así como “experinquietudes”, nosotros, los modestos comunicadores de este periódico, compraríamos una docena de frascos.