En diciembre de 2011, la Asamblea General de las Naciones Unidas designó el 21 de marzo como el Día Mundial del Síndrome de Down para generar conciencia en la sociedad. Se trata de una alteración genética causada por la existencia de material genético extra en el cromosoma 21.
Fernando Burgos, Coordinador de la Clínica de Síndrome de Down del Hospital Universitario Austral, explicó que “niños pueden tener riesgo de padecer un curso más grave de la enfermedad COVID-19 con respecto a sujetos sanos debido a la patología subyacente de malformaciones cardiovasculares, respiratorias, obesidad y respuesta inmune muchas veces deficiente”.

Las personas con síndrome de Down que presenten alguna cardiopatía no intervenida, enfermedad pulmonar crónica u otras complicaciones tipo hipertensión o diabetes son más vulnerables a esta enfermedad.
Es muy importante que, en el caso de los niños, “realicen los controles anuales correspondientes, continúen con las terapias de integración de forma presencial o virtual con los cuidados y protocolos que conocemos y que completen el calendario de vacunas de enfermedades inmunoprevenibles como todos los niños.

De acuerdo a los resultados de un estudio, publicado por la revista Scientific Reports, el riesgo de mortalidad por COVID-19 es 10 veces mayor en personas con síndrome de Down.
El Síndrome de Down no es una enfermedad, sino que es una condición genética que puede tener asociadas diferentes patologías —cardíacas, visuales, auditivas, musculares, entre otras.
Es importante el acompañaiento en la detección temprana y asesoramiento para que la familia pueda acceder a las prestaciones médicas necesarias con el fin de optimizar la calidad de vida de la persona.
