La definición del diccionario de la Real Academia Española es muy clara con respecto a la naturaleza del crimen de que se trata: “Exterminio o eliminación sistemática de un grupo humano por motivo de raza, etnia, religión, política o nacionalidad”.
El autor del término fue el jurista polaco de origen judío Raphael Lemkin y lo usó por primera vez en su obra “El poder del Eje en la Europa ocupada”. Lemkin se refugió en los Estados Unidos huyendo del exterminio nazi y luchó fuertemente para que el concepto de “genocidio” se utilizara en los argumentos y sentencias del juicio que condenó a los principales jerarcas alemanes.
Sólo logró que lo incluyeran en sus alegatos los abogados que presentaron los casos, pero no aparece en las sentencias de los jueces.

La principal objeción que los especialistas oponían a la utilización de la palabra era la dificultad de definir que una serie de asesinatos relacionados entre sí podían obedecer a la intención de eliminar a un grupo racial o étnico, algo que hoy nos parece evidente en relación a la masacre perpetrada por el nazismo contra los judíos que vivían en los países que dominaron. La misma discusión se ha producido alrededor de la noción con respecto al exterminio armenio.

Pese a las objeciones de los abogados de la época, el término “genocidio” hoy tiene una utilización clara y definitiva, muy lejos del sentido con el que se la utilizó en las últimas semanas.
Fue usada por primera vez en Núremberg, “crimen contra la humanidad”.
