Un estudio realizado por científicos de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) demostró que los peces del tramo inferior del río Salado -desde San Justo hasta la desembocadura en Santa Fe- están contaminados por un cóctel de nueve biocidas.
Estos se encontraron con índices récord a nivel mundial para organismos acuáticos. En algunos casos, los valores hallados en los ejemplares de sábalos, superan largamente el máximo de las ingestas diarias admisibles (IDA) para los humanos.
La alta concentración de plaguicidas hallados significa un riesgo potencial por tratarse de un pez comercial de agua dulce que se consume localmente y se exporta a otros países para consumo humano.
La investigación toma como lugar de referencia el curso bajo de la cuenca del río Salado, afluente del río Paraná.
Como se sabe, atraviesa regiones con diferentes usos del suelo y recibe altos efluentes de desechos agrícolas, industriales y domésticos, con la agricultura industrial como principal actividad antrópica, o sea realizada por el ser humano.
La investigación afirma que “en todos los sitios estudiados se detectaron pesticidas en muestras de sedimentos. Las concentraciones detectadas de glifosato y AMPA indican una tendencia de gradiente de contaminación norte-sur, que es la dirección del curso de este río”.
Estos resultados –según explican los expertos en su trabajo– indican que los peces “bioacumulan múltiples residuos de plaguicidas en sus tejidos y en todo el cuerpo.
Cuando el sábalo es consumido por otros vertebrados acuáticos, incluso como por humanos, se produce un efecto conocido como “biomagnificación” .
Esto es la bioacumulación de los residuos de plaguicidas en el agua, los sedimentos, los peces y otros organismos acuáticos de la cadena alimentaria, siendo potencialmente nocivo para el consumo.
El documento especifica que los ejemplares se compraron a pescadores locales ubicados en los mismos cinco sitios de muestreo donde se recolectaron los sedimentos y destaca que “estos peces estaban a la venta para el consumo humano”.
