Nota de opinión de Maximiliano Ferrero: La democracia no se mancha

Sólo es posible la vida en democracia si aceptamos sin vacilar un principio antropológico básico. Que en cada elección, la conciencia de los ciudadanos se expresa libremente, de forma autónoma, trascendiendo toda clase de tutelas o presiones, y lo hace creyendo defender de la mejor manera sus intereses.

Si acaso un pronunciamiento colectivo, esto es, el resultado de una elección, es el opuesto a las expectativas de un sector de la dirigencia política, el camino a tomar por ese sector no puede ser el de suponer que los votos con los que discrepamos son productos de la ignorancia colectiva o de la confusión generada por otros actores (como los medios de comunicación). La primera reacción que debe tomar un dirigente político es reflexionar respecto de cuál es la virtud que posee el ganador y que no alcanzamos a advertir, cuáles fueron nuestras falencias y qué estado de cosas no somos capaces de percibir. Lo dicho hasta aquí debería ser tenido en cuenta por los derrotados en las últimas Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias en la ciudad de Esperanza, que dieron como legítimo vencedor al Lic. Cristian Cammisi.

En efecto, lejos estuvo la primera reacción del oficialismo local, encabezado por la Intendente Ana Meiners, de analizar las virtudes de su contrincante y las falencias propias. Por el contrario, la primera respuesta adquirió, envuelta en el impacto inesperado de la sorpresa, un carácter violento que se ha ido acrecentando exponencialmente en los últimos días. Al punto tal, de que ya se ha consolidado como principal estrategia de campaña del Frente Para la Victoria en Esperanza, denigrar y atacar con falacias la persona de Cristian Cammisi, antes que priorizar la presentación de propuestas concretas de gobierno a la ciudadanía. La mentira administrada, las acusaciones falsas que circulan desde los medios de comunicación oficialistas y de forma más dinámica, en las redes sociales, son prácticas espurias que por un lado, devalúan tanto la democracia como forma de gobierno como las instituciones, alejando al ciudadano de la práctica política y aún peor, consisten básicamente en un menosprecio de la su autonomía. No podemos tampoco, como ciudadanos, mantenernos al margen de este fenómeno, puesto que el acostumbramiento a las campañas sucias, la licencia frente a la impostura con el único afán de ganar una elección u ocultar la impericia en la gestión, redunda en un detrimento de la calidad democrática, y por tanto, del mundo de la convivencia humana. Frente al esfuerzo pasional del peronismo local por conservar sus cargos, exijamos como ciudadanos la racionalidad que demanda un principio básico de la vida democrática: la pluralidad y la tolerancia.

No obstante, es posible realizar otra lectura de la reacción del oficialismo. El acentuado intento de polarizar aún más la elección colocándonos a todos presos de una falsa dicotomía entre la vuelta a un pasado denigrable y la continuación de un sendero que se corresponde con la idea de progreso, representa una interpretación al menos criticable de las últimas elecciones. En consonancia con el gobierno nacional, el grupo liderado por Ana Meiners pretende encarcelarnos en una lógica dualista en donde unos están identificados con el bien y otros con el mal, sin haber realizado el ejercicio de autocrítica y reflexión que los últimos resultados le demandan.

Después de OCHO años de gestión, el gobierno municipal aún sostiene discursos obsoletos en los cuales echa culpas a sus predecesores, al parecer, sin notar que en su gestión desbordan las promesas incumplidas, que está formada por un gabinete completamente distanciado de la voz de los esperancinos. Mientras tanto, Cristian Cammisi se yergue en la vereda de enfrente como un vehículo para canalizar las voces individuales y grupales de la ciudad y como un elemento joven capaz de oponer al paso de cangrejo del gobierno municipal propuestas serias, con un plan integral de crecimiento para Esperanza, factible de cumplirse en cuatro años de gestión.