Defensora de los derechos de las mujeres, la “Negra” es símbolo y guía para las jóvenes cantantes en nuestro país y no solo en el folklore. En esta nota, la palabra de una cautautora jujeña y una rapera que entienden la música desde una visión social y de género.
Mercedes subió por primera vez, al escenario del Cosquín, en el año 1965. Ella, “La Marta”, que comenzó enseñando danzas nativas y que se animó a cantar por primera vez en la escuela para interpretar el himno. Ella, con nada más que su bombo, se ganó los aplausos de todos, en un antes y un después que marcó un hecho histórico, cultural y político.
Hija de una empleada doméstica y un obrero de la industria azucarera, la “Negra” revolucionó la música popular argentina. Junto a su marido, el músico Oscar Matus, y el poeta Armando Tejada Gómez en la época de los 60’ fundaron el Movimiento del Nuevo Cancionero, una corriente que ponía el acento en la vida del argentino y que renovó el género por completo.
“Era necesario hacer una nueva poesía, que hable del problema de la pobreza de los hombres, de la ingratitud que tiene alguna gente con la gente trabajadora”, decía Mercedes.
Este trasfondo social se reflejó en trabajos como “Canciones con fundamento”, “Yo no canto por cantar”, “Homenaje a Violeta Parra”, “Cantata sudamericana”, “Mercedes Sosa interpreta a Atahualpa Yupanqui” e incluso “Mujeres argentinas”, donde le canta a Juana Azurduy, la gringa chaqueña, Alfonsina Storni, Rosarito Vera.
Cuando tenía 15 años, empujada por el entusiasmo de un grupo de amigas inseparables, Mercedes se animó a participar en un certamen radial organizado por LV12 de Tucumán oculta tras el seudónimo de Gladys Osorio, sin que familia supiera.
Cantó “Triste estoy” de Margarita Palacios. Ganó el concurso, un contrato por dos meses de actuación en la emisora, y también el impulso para dedicar una vida de amor al folklore.
La ‘negra’ se convirtió en la Voz de América Latina. Admiraba a figuras como Atahualpa Yupanqui o Violeta Parra, a quienes cantaba mientras luchaba por la censura de la dictadura militar en nuestro país.
Influencia en sangre jòven
la única mujer que ganó el Premio Gardel en toda la historia, a la que se sumó Marilina Bertoldi el año pasado.

“Siento que lo estamos colmando de todos los lugares, que cada vez hay más repertorios folclóricos feministas, que las estructuras que habían en las peñas se están rompiendo. El feminismo abre puertas y empecé a escribir coplas feministas que se propagaron un montón, porque empezaron a querer ser cantadas, en las calles, en las marchas. Poco a poco las coplas picarescas, que suelen ser muy machistas, se están transformando en coplas con un fuerte contenido que dice un montón, y que empieza a tener todo más sentido”, analiza la artista.

Eugenia Mur, cantautora jujeña, docente, gestora cultural y feminista. Según recuerda a este medio, tuvo la bendición de compartir escenario con Mercedes, como parte del coro de SADAIC, y cantar con ella las estrofas de “Otoño en Mendoza”, el tema de Poncho Sosa. La imagen de esa noche quedó grabada en su memoria, y promete no irse nunca.
