El partido gobernante cobija en su seno a unos cuantos individuos con aspiraciones a mandar que, por lo menos y de acuerdo a las últimas noticias, parecen ser septillizos. Algunos vienen bien, otros de culata y todo pinta que nacerán alrededor del 2015. Mientras tanto, en la dulce espera y ante el hecho concreto de cualquiera de ellos continúe decidiendo sobre el destino de la ciudad, haremos un intento por anticipar algunas virtudes, vicios y perfiles de los susodichos fulanos (y fulanas).
MEINERS (La alcaldesa)
La Intendenta es rica. No es inmensamente rica, pero es rica. Tiene propiedades, participación en empresas, loteos propios, ahorros en los bancos y ahorros bajo el colchón, en fin, tiene mucho. Además, la Intendenta no es una rica cualquiera, es una señora que se encuentra en un momento de la vida en que está más para disfrutar que para renegar.
Por supuesto que no es un pecado ser rico. No se ha dicho que lo sea. Nadie se rasgará la vestiduras porque una funcionaria sea acaudalada y menos todavía en la Argentina donde casi todos los políticos son opulentos. Lo que uno se pregunta es si un Intendente rico puede representar con eficacia los deseos y sueños de una mayoría pobre. O, si se quiere, más o menos pobre, como la mayoría de la gente que vive en esta ciudad.
Hay muchas clases de Intendentes ricos. Están los que quieren ser más ricos de lo que son y usan la función pública para aumentar su fortuna y están los que se conforman con lo que tienen. Este último no parece ser el caso de la Intendenta Meiners.
Un Intendente rico puede tener o no tener sensibilidad social. Meiners no la tiene. La señora es propensa a sacarse las cosas de encima. La respuesta a muchas necesidades de los vecinos es prácticamente nula. Ni que hablar cuando se trata de dar asistencia a los indigentes. No le sale la solidaridad, no la siente.
En realidad no se entiende bien la razón por la cual, la actual Intendenta, aspira a un nuevo período en el Municipio.
EL DOCTOR ELENA (Máximo II)
El doctor es cándido, inocente y hasta aniñado. Se presenta a los ciudadanos como un turista que puede preguntar en la esquina de Sarmiento y Castellanos donde queda la plaza. Su conducta no se condice con nada parecido a los personajes que transitaron la política últimamente.
BECCHIO (El concejal de los barrios)
El hoy concejal del PRO catapultado por un defraudado Peronismo local tiene un camino tortuoso por delante. Todo hace pensar que no podrá renovar la banca usurpada. Tiene dos opciones: amenazar presentarse como candidato a Intendente por el PRO para pactar con Meiners o ir al matadero invariablemente solo. Para Becchio, renovar la banca o continuar en la camarilla oficial, parece imposible.
BLANGINI (El blabla)
Blangini entró a la política local buscando revancha (venganza). No le importó empezar de nuevo. Si la suerte ” que es grela” como dice el tango, lo favoreciera con la Intendencia podría taparle la boca a quienes lo castigaron duro cuando pasó de encumbrado funcionario provincial al llano. Hoy esos sueños parecen lejanos para el arquitecto.
GOMEZ (Calculín)
Si por casualidad se postula es porque lo engañaron y cree que la política es una ciencia exacta. Su objetivo es conseguir que todos los contribuyentes paguen una tasa enorme para mantener a los 500 empleados del Municipio. Lo que hace el Gobierno no le interesa, sólo quiere que la ecuación se resuelva. Le dio a la Municipalidad la misma eficiencia que el peaje. Todos pagan para que no se haga nada. Su hinchada más importante proviene de la familia Gómez bajo la jefatura de su señora madre (“Presentate nene…”).
PIROLA (Carita)
El Senador Departamental se imagina extendiendo sus tentáculos a la ciudad cabecera. Para eso cuenta con el concurso del doctor Elena, una bolsa de casi 300.000 pesos por mes y una corte de “voceros” rentados que lo promocionan a diario. Con esos fondos públicos Pirola hace “política” y se ha convertido en un referente de consideración. Necesita los votos de Esperanza y San Carlos para renovar.
ALBARRACÍN (El doctor Chapatín)
Sus deseos por volver al municipio le quitan el sueño. En realidad, el abogado, no está del todo, pero los radares denuncian cierta influencia. Su mayor sueño consiste en retomar su papel de Intendente sustituto. Cuando se retiró le dijo de todo a la Intendenta. El mayor obstáculo para Albarracín es el rencor de la alcaldesa (“¡Qué se cree este coso…!”).
CIERRE TRANQUILO
La oferta no pasa de lo expresado más arriba. Eso quiere decir que cualquiera que se pretenda peronista no tiene más remedio que optar por alguno de los muñecos de la lista. Si el que lee es de los que se deprime porque aspira algo mejor, sentimos informarle que no podemos hacer nada, tendrá que esperar el transvasamiento generacional. Y para eso falta mucho. Mientras tanto habrá que conformarse con carne de novillo.
