A lo largo de los años, se probaron distintas técnicas para parar la contaminación; comer carne 100% sintética. Aunque nada de esto funcionó, investigadores de la Universidad de California Davis parecen haber encontrado la solución: algas.
Según recientes estudios, alimentar a las vacas con estos organismos podría reducir en un 82% las emisiones de metano sin perjudicar la calidad de la carne. Es que, al comer y digerir, las vacas expulsan gases mediante su boca y otros orificios, que provocan el “efecto invernadero”.

Es un fenómeno por el cual varios gases retienen parte de la energía que el suelo emite tras haber sido calentado por la radiación solar. Sin ellos, la atmósfera del planeta sería un 33% más fría.
agregaron pequeñas cantidades de algas marinas a la dieta de 21 bovinos de carne y rastrearon su aumento de peso y emisiones de metano. Cuatro veces al día, las vacas comían un tentempié de un aparato al aire libre que medía el metano de su aliento.

El ganado que consumió dosis de aproximadamente 80 gramos de algas marinas ganó tanto peso como sus compañeros de manada, mientras eructaba un 82 por ciento menos de metano a la atmósfera.
Las algas inhiben una enzima del sistema digestivo de la vaca que contribuye a la producción de metano. De esta manera, la emisión del gas es menor, pero la alimentación es la misma.
