Su verdadero nombre era Pedro Palacios, fue uno de los grandes poetas de su generación junto a Olegario Andrade, Obligado, Guido Spano. Fue un maestro singular. Porque empleó todos sus ingresos en fundar escuelas, en ayudar a los chicos modestos.
Palacios llevó una vida un poco extraña, quizá. Odiaba las reuniones sociales y tenía una característica curiosa: rechazaba a las mujeres de una manera, diría, enfermiza, aunque amó a 2 o 3. Esta faceta ha envuelto su vida en una especie de niebla.

Un grupo de exalumnos recaudó dinero para adquirirle una casa en La Plata, donde falleció un 27 de febrero de 1917. Tenía 63 años. Había nacido en la localidad de San Justo.
