Hace un siglo las huelgas en La Forestal culminaron con una masacre y un desastre ecológico que son revividos con diversas actividades y estudios para entender el impacto socioambiental producido por la compañía británica que explotó los bosques de quebracho.
Antes de la llegada de La Forestal a fines del siglo XIX, los bosques de quebracho colorado ocupaban el territorio comprendido entre el sur de la provincia del Chaco y el norte de la provincia de Santa Fe y se extendían por más de dos millones de hectáreas a lo largo de la región.
Se calcula que a lo largo de 60 años se talaron 350 millones de toneladas de quebracho. Aquel extractivismo sin límites generó un serio impacto ambiental: un proceso de desertización, desaparición de especies y la profundización de la problemática de las inundaciones.

En 1906, y casi sin regulaciones por parte del Estado nacional, The Forestal Land, Timber and Railways Company Limitedse quedó con 668 leguas cuadradas de bosques de quebracho argentino. La firma se hizo dueña de una de las mayores reservas mundiales de tanino –sustancia que se obtiene de la madera del quebracho y se utiliza en el proceso de curtido del cuero– y comenzó a crecer de manera vertiginosa en el norte santafesino: fundó cerca de 40 pueblos, montó 400 kilómetros de vías férreas, alrededor de 30 fábricas y puertos propios.

La instalación de la compañía en el país fue producto del pago de una deuda contraída con la compañía inglesa Casa Murrieta y Cia. en 1872. La provincia de Santa Fe no pudo cumplir en tiempo y forma con el pago de dicho préstamo y saldó un tercio de su deuda con tierras públicas.
Detrás de la venta, aparecían los intereses nacionales de la época que buscaban colonizar la zona con arrendatarios anglosajones y despoblar así los asentamientos aborígenes.

A pesar de la gran fortuna generada por la compañía, en el año 1916 pagó únicamente 300 mil pesos en materia de impuestos a la provincia, mientras que giró casi 9 mil millones al imperio británico.
A principios de la década de 1910, los trabajadores comenzaron a organizarse para reclamar por mejoras en sus condiciones de trabajo y de vida (los obreros cumplían jornadas de 12 horas, con malas condiciones de salud, higiene y vivienda).

La empresa creó una fuerza represiva y en diciembre de 1920 cerró varias instalaciones, despidió obreros y muchos pueblos quedaron al borde la miseria.
El 29 de enero de 1921 se produjo una gran revuelta obrera en la que unos 300 o 400 trabajadores intentaron tomar las fábricas de Villa Ana y Villa Guillermina.
El estallido fue reprimido por la Gendarmería Volante y la Legión Patriótica y allí murieron unos 600 obreros, hubo torturas, violaciones y quema de viviendas. Tres décadas después, con los quebrachales talados, La Forestal cerró todas sus plantas.

El informe de 2004 de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo de la Nación y el INTA el costo ecológico causado por La Forestal fue de 3000 millones de dólares. Detrás de la partida de esta empresa quedaron pueblos desiertos, migraciones masivas de pobladores sin trabajo y casi el 90% de los quebrachales talados.
