El 65% de los esperancinos gasta casi el 30% de sus ingresos corrientes sólo para alimentar a su familia. El incremento sostenido en los precios de los alimentos de los últimos meses ha incidido directamente en la forma de consumo de todo tipo de bienes, por parte de las familias argentinas.
Es sabido que cada uno de los hogares de nuestro país dispone de sus ingresos corrientes, algunos en forma fija a principio de mes (si es que son asalariados), y otros en forma continua y dispar a lo largo de 30 días. Es así que, el cambio en el consumo de un bien dependerá del peso que representa ese gasto como proporción de su ingreso, es decir, de la parte que le destinan de su gasto total a ese consumo.
Al momento de analizar el consumo de los alimentos y la importancia que tienen ellos en el ingreso de los hogares de distintos estratos sociales, se sabe que las familias de recursos menores, destinan una mayor proporción de su dinero a adquirir alimentos y bebidas, porción que puede llegar hasta el 50% de su disponibilidad o más en casos extremos de pobreza.
El porcentaje se va reduciendo conforme se incrementa el nivel de ingreso del grupo familiar, de tal forma que para los hogares ubicados en los niveles de ingreso más altos el porcentaje es menor al 15 o 20%.
En base a una encuesta realizada por CEDEC, se pudo recabar que el 65% de los esperancinos informa gastar cerca del 30% de sus ingresos en alimentos, el 12% indica que gasta entre el 11-20%, el 22% expresa tener la necesidad de erogar entre el 31 y el 40% de sus ingresos en alimentos y bebidas. Solo el 1% de nuestra sociedad gasta menos del 10% en este rubro.
Si a este análisis lo extendemos por barrio, la Orilla y el Norte son uno de los más perjudicados por el aumento de precios, ya que el 50% gasta entre el 21 y el 30% solo para alimentar a su familia y el 36% debe dejar entre el 31 y el 40% de lo que gana mensualmente en el supermercado. Sin embargo, es el Barrio Sur el más afectado, ya que el 71% de los residentes indicó gastar hasta el 30% en alimentos y más del 28% se ve obligado a gastar hasta casi la mitad de sus ingresos en alimentos y bebidas. Así, los sectores más rezagados son los que se ven más altamente afectados por el deterioro del poder de compra que desencadena vivir en inflación persistente y sostenida de más de 30 puntos porcentuales por año.
Muchos argentinos ya conocen esta situación inflacionaria, por lo que para ellos no hay sorpresa, y saben que una de las soluciones (al menos una ayuda) es adelantarse al consumo, es decir, anticipar compras. El problema es para aquellos que están desprevenidos o que no tienen la posibilidad (disponibilidad monetaria) para anticiparse a la inflación que les deteriora el poder de compra. Éstos, ven mes a mes caer su salario real.
El clásico actuar de una familia que nota que aumentó demasiado el gasto en el supermercado es, primero disminuir o cambiar el consumo en algunas categorías, como mudar la carne vacuna por pollo o el pan lactal por pan francés, y después buscar promociones de mayor cantidad por menor precio o precios reducidos en alguna marca en especial; por último se inclinan por segundas marcas, decayendo la calidad de los alimentos que lleva a su mesa.
Dado que todos y cada uno de nosotros, con la misma cantidad de dinero actualmente compra muchos menos bienes hace poco menos de unos meses, el changuito queda cada vez más grande, hoy en día, es cotidiano ver largas colas en las cajas “rápidas” del supermercado donde se cobran menos de 10 o 15 productos.
Lic. Magali Sirini
Coordinadora CEDEC
Centro de Estudios del Desarrollo Económico
