Historia; un respaso de las huellas que los esclavos africanos dejaron en la vida de los argentinos

A principios del siglo XIX, cuando estalló la ola independentista en Sudamérica, Buenos Aires era una aldea con puerto y de los 45.000 habitantes que sumaba aldea, unos 15.000 eran “afro-porteños”.

El lunfardo –palabra del dialecto lombardo- nació como una lengua plebeya, asociada a la delincuencia de las clases inferiores de la sociedad y está asociado a la cultura arrabalera, tanguera.

En las “academias” creadas por los negros, en los tangos o sitios de reunión de las naciones negras, en las postas donde se encontraban los carreteros y troperos, en los prostíbulos o ‘quecos’, en los tinglados nocturnos donde hacían noche los pescadores de pulpos -o pulperos- esperando la mejor hora para trabajar mientras compartían ginebras, música y mujeres, se fue produciendo esa mezcla que se ejecutaba con diversos nombres: milongón, habanera tangueada, milonga partida, habanera confidencial, milonga quebrada, tanguillo. Podríamos decir que allí nació el 2×4.

Mina, mucama y mondongo eran grupos étnicos africanos aunque sean voces usadas para describir a una mujer bonita, a una trabajadora o al estómago de la vaca.

La ronda como juego infantil proviene de una danza ritual africana.

El bozal, tan útil para agarrar un caballo, era una lengua africana.

El quilombo –voz que sirve para designar absolutamente todo- era el lugar de encuentro de los esclavos cimarrones que escapaban al monte.

Juan Manuel de Rosas tuvo gran relación con los negros afincados en Buenos Aires

Se aplicaba un papel engrasado sobre el pecho o la región deltoidea del esclavo, y se oprimía suavemente contra él la marca, por lo general de plata, calentada al rojo sombra. Los negreros pretendían que esta operación no era muy dolorosa.

Recién a fines del siglo XVIII, la Corona española dispuso la abolición de carimbar a los africanos a su entrada en los puertos.

El crecimiento poblacional de las migraciones europeas, destinadas a los conventillos o a las labores de servicios, se mixturó con aquellos migrantes afros, ya mestizados con criollos.

Para 1887 los afroargentinos habían disminuido a solo 8.005 de una población total de 433.375, menos del 2 por ciento.