Alicia nació en Londres en 1885 y murió en Buenos Aires en 1986 durante el Gobierno de Raúl Alfonsín, con quien tenía una relación de mutuo afecto y respeto. Luchadora incansable militó hasta su último día de vida; vivió 100 años y no dejó pasar uno solo sin querer darlo vuelta todo.
Ella y su familia llegaron al país gracias a su padre Armand Moreau, de origen francés, que tuvo que exiliarse de París por haber intervenido en el movimiento insurreccional conocido como la Comuna de París, en 1871. Luego de recorrer varios países europeos se instalaron en Argentina en 1890.

En 1906, participó del Congreso Nacional del Libre Pensamiento, donde dicen conoció a Juan B. Justo, y al año siguiente intervino en el Congreso Feminista del Comité Pro-Sufragio Femenino. En 1907 ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, graduándose en 1914, con diploma de honor. Fue la segunda mujer médica del país.

En 1918 fundó la Unión Feminista Nacional a la que adhirieron, entre otras, la poetisa Alfonsina Storni y la médica Elvira Rawson. En 1919 participó como delegada en el Congreso Internacional de Obreras que se reunió en Washington, donde tomó contacto con las sufragistas norteamericanas. La causa del sufragio femenino fue una de las que más militó.

Alicia Moreu conocía a Juan B. Justo desde joven, pero no fue hasta 1921, cuando ella finalmente se afilió al Partido Socialista, que se casaron y tuvieron tres hijos. “Algunos dicen que no se casó, otros que sí, de todos modos era lo suficientemente independiente para hacer lo que quería”, dice su amiga. Justo murió muy pronto, en 1928 y ella se quedó con sus tres hijos a quienes tuvo que criar y sostener sola, en una época difícil para las mujeres.

Apasionada por la literatura, además de publicar dos libros fundó en 1910, con solo 25 años, el Ateneo de Mujeres que realizaba publicaciones de avanzada para la época para mujeres de clases populares. Además, publicó varios artículos sobre educación y política en la Revista Socialista Internacional, en la cual participaban otras revolucionarias como Rosa Luxemburgo y Clara Zetkin. Años más tarde, en 1958 fue designada directora de La Vanguardia, uno de los periódicos más influyentes del siglo XX en Argentina.

En 1932 preparó un proyecto sobre voto femenino, que fue aprobado en la Cámara de Diputados y rechazado por la de Senadores. Líder del Socialismo nacional fue opositora al peronismo, tanto que en 1953 fue encarcelada junto con otros dirigentes políticos. En 1955 fue designada miembro de la Junta Consultiva creada por el gobierno que derrocó a Perón.

Murió el 12 de mayo de 1986 mientras dormía, tras pasar 100 años en este mundo que muchas veces es injusto y cruel pero que gracias a su trabajo es sin lugar a dudas un lugar mejor. Dicen los que la conocieron que ella quería que en su epitafio estuviera la siguiente frase: “Aquí yace una gran luchadora contra molinos de viento”.
