Se estima que se descartan 4,5 billones de colillas de cigarrillo por año a nivel global, convirtiéndolas en el residuo de vía pública más arrojado del mundo. Asimismo, existen decenas de partículas nocivas en los cigarrillos –como acetato de celulosa, alquitrán, aluminio, bario, cadmio, cromo, cobre, hierro, manganeso, níquel, plomo, estroncio, titanio, zinc, nicotina, entre otras–, de las cuales al menos 100 son consideradas de alta toxicidad.

Si bien en ciertas metropolis existe una normativa que regula este desecho, no esta muy claro como se implementa. De la misma manera que Buenos Aires intenta hacerlo, a partir de la nueva normativa que quedará incorporada al Régimen de Faltas de la Ciudad y establecerá además la obligación de realizar trabajos comunitarios relacionados con la preservación del ambiente o concurrir a cursos especiales de educación y capacitación.

En esta misma línea, durante la jornada de ayer, la provincia de Neuquén también aprobó la Ley 3.270 que prohíbe el arrojo de colillas en vía pública y espacios comunes de uso público; la misma regirá a nivel provincial.
Si ponemos un promedio mínimo de 5 cigarrillos por persona, por día, se fuman 3.472.000 cigarrillos diarios. Esto significa que como mínimo 2.777.600 colillas son arrojadas en la vía pública, macetas, entre otros sitios. El número es aún más alarmante porque no están contabilizados los adultos y adolescentes fumadores que ingresan diariamente a la Capital Federal. Lamentablemente no existen datos oficiales.
