El café en Italia es todo un ritual, no es una bebida cualquiera. El café llegó a ese pais en 1600 gracias a las relaciones comerciales que algunas ciudades de la península italiana tenían con los otomanos, que ya consumían esta bebida desde hacía muchos años.
En 1884, la cultura del café empezó a extenderse por Europa cuando Angelo Moriondo presenta una patente de la primera máquina que permitía elaborar grandes cantidades de café usando vapor y agua.
La máquina de Moriondo nunca fue producida comercialmente y no hay ejemplos que sobrevivan.
El espresso y la experiencia de un nuevo café, hizo su debut en la Feria Mundial de 1906 en Milán. Luigi Bezzera y Desidero Pavoni tomaron la idea de Moriondo y crearon una máquina con una caldera vertical que elaboraba una taza de café en cuestión de segundos.
Asi, la primera máquina de espresso fue construida en Florencia, a la que nombraron “La Marzocco”, por inspiración en la famosa escultura de Donatello de un león sentado con un escudo con el símbolo de Florencia.
Pocas máquinas de espresso elaboradas en cobre y bronce, de aquel período sobrevivieron a la guerra, ya que los metales se utilizaron para fabricar las armas durante la guerra.
Años más tarde, en 1932, en Francia se popularizó el uso de la cafetera de émbolo, también conocida como prensa francesa.
En esta técnica el café se coloca junto al agua y luego de unos minutos se presiona el émbolo para filtrar el café. Cuánto más tiempo se dedique al infusionado, más fuerte el sabor final.
Hacia 1933, el italiano Alfonso Bialetti creó la primera cafetera de aluminio apta para poner sobre el fuego. Este artefacto se conoció como Espresso Moka.
Por su parte, Alemania aportó la cafetera Chemex. El artefacto contó con un embudo superior donde se depositaba el café molido en un filtro de papel, y mediante un sistema de goteo se obtenía el café.
Las palabras espresso o capuccino suenan a Italia., muy habitual es ver a un italiano pedir un caffé en la barra de un bar, tomárselo de dos sorbos e irse.
