El Cerrado brasileño y el Gran Chaco argentino-paraguayo soportaron una expansión rápida e intensa del cultivo de soja durante las dos últimas décadas, lo que ocurrió motorizado por un nivel de deforestación que ubica a esas dos regiones sudamericanas entre las más afectadas a nivel mundial por la pérdida de ambientes naturales desde el año 2000 a esta parte.
Más grave aún: la región ha experimentado una disminución del 94% en las poblaciones de vida silvestre monitoreadas por el Índice Planeta Vivo.

Los mayores niveles de deforestación se encuentran en la Amazonia brasileña y el Cerrado, la Amazonia boliviana, Paraguay, Argentina, Madagascar y Sumatra y Borneo, y en en Indonesia y Malasia.
Desde la organización ambientalista World Wildlife Foundation (WWF) advirtieron que la Amazonia brasileña (un gigantesco bosque tropical de 395 millones de hectáreas) “está por alcanzar un punto sin retorno en el que perderá su equilibrio y sufrirá una disminución de lluvias y estaciones secas prolongadas”.

En lo que respecta al Gran Chaco, que comparten Bolivia, Paraguay y Argentina, la investigación destaca que tiene uno de los niveles más altos de deforestación en el mundo, “impulsado principalmente por la producción de soja y la ganadería a gran escala”.
Los bosques degradados y fragmentados son más propensos a los incendios, que a su vez afectan de manera directa al clima. “Se estima que los incendios en la Amazonía durante el 2019 causaron 1,1% de las emisiones globales de carbono, y 80% de las emisiones de Brasil”.
