Erno Rubik, un arquitecto y escultor hungaro de 30 años, quería crear un modelo funcional para ayudar a explicar la geometría tridimensional en sus clases y sin saberlo, consiguio la inmortalidad.
Un cubo de Rubik clásico posee seis colores uniformes, los tradicionales blanco, rojo, azul, naranja, verde y amarillo. Está compuesto por un mecanismo de ejes que permite a cada cara del cubo girar independientemente, mezclando así los colores.
Para resolver el rompecabezas, se debe reorganizar las piezas para que cada cara vuelva a quedar en un solo color. Hay muchas maneras de lograrlo, de hecho, tiene más de 43 trillones de combinaciones posibles.
El juguete tuvo tanto éxito mundial que rápidamente se comenzó buscar no sólo las soluciones más eficaces sino también a quien lo resolviera en el menor tiempo posible.
Licenciado por Rubik y vendido por la empresa Ideal Toy Company en 1980, año en el cual ganó el premio alemán a Mejor Juego del Año en la categoría de mejor rompecabezas.
Hasta enero de 2009 se vendieron 350 millones de cubos en todo el mundo, convirtiéndolo no solo en el rompecabezas más vendido, sino que es considerado, en general, el juguete más vendido del mundo.
“Los rompecabezas sacan a relucir cualidades importantes en cada uno de nosotros: concentración, curiosidad, sentido del juego, el afán por descubrir una solución”, dijo el húngaro durante una convencion de “Jugadores Rubick”.
