La reconstrucción total de los badenes de Plaza San Martín, en pleno centro de la ciudad de Esperanza, es un claro ejemplo de como una gestión se puede desgraciar en la lógica de las edificaciones, la estética y el buen gusto de una ciudad.
Desde sus cimientos fue una obra cuestionada, nadie puede asegurar si hubo fallas en la construcción, sin embargo todos estamos en condiciones de asegurar que no es una obra funcional. Con un drenaje malo, el agua estancada en la calzada interna, luego de las lluvias, acciono para que el cemento fuera cediendo y el pasar obligado de los vehículos, hizo el resto.
Se necesitaron muchos reclamos por parte de comerciantes, vecinos, transeúntes. Los vecinos cansados de los badenes rotos, en algún punto, con el sentimiento que nos habían vedado la circulación por el centro de nuestra propia ciudad.

Los ediles, mantuvieron el tema en agenda, sin encontrar aprobación de obra. Los numerosos pedidos del concejal por el bloque UCR, Rodrigo Muller, hicieron mella y por fin, se aprobó la obra de reparación total de los badenes destruidos en Plaza San Martín.

Llama la atención la falta de reflejos de esta gestión para con las necesidades de una ciudad como Esperanza. Una ciudad con 55 mil habitantes que todavía siguen esperando la reparación o reemplazo de una ambulancia para el servicio de Emergencia 107, de extremada necesidad en época de pandemia por coronavirus, ya que con una sola unidad es dificultosa la eficiencia medica para todos los vecinos.
Dicen que los gobiernos basan sus mandatos en prioridades. Las de esta gestión Meiners, resultan muy curiosas.
