Las investigaciones muestran que la relación existente entre desempleo y salud mental es el claro deterioro que se produce a nivel psíquico por estar sin trabajo. Respecto a la edad de los desempleados, la franja que va de los 30 a los 50 años, presentan mayores complicaciones de salud mental. En función de la duración del desempleo es en los primeros meses cuando el deterioro aumenta de forma progresiva.
La situación de estar sin empleo se puede asociar a algunos trastornos psicológicos específicos, como por ejemplo: la depresión, ansiedad, problemas de autoestima, y dificultades tanto en las relaciones familiares como en lo social.
Lo más común es que el desempleo provoque tristeza, y esta se manifiesta por ejemplo en: la lentitud en el lenguaje, pensamiento y movimientos, falta de interés, sentimientos de culpa y desprecio a sí mismo, insomnio, fatiga, pérdida de peso y apetito entre otros.
Y respecto a la ansiedad las manifestaciones pueden ser muy variadas como inquietud motora, conductas compulsivas, preocupaciones, dificultades en la atención y en la concentración. A nivel fisiológico: la activación del sistema nervioso acarrea cambios como taquicardia, mareos, sudoración, problemas respiratorios, etc. Aclaro que la preocupación normal y los pensamientos controlados sobre la pérdida de empleo no constituyen un trastorno de ansiedad, porque a veces esto se suele confundir.
Además de estas complicaciones de salud, obviamente el desempleo repercute en las relaciones familiares, siendo esto más grave si la persona que se encuentra sin trabajo es el jefe o la cabeza de la familia.
Lo más importante es mantenerse activos, no obsesionarse con el hecho de estar desempleado y enfocarse en agotar los recursos que podrían ayudar a cambiar esta situación. El apoyo y la contención afectiva en estos momentos son de gran importancia.
Licenciada en Psicología-Analía Rippstein
