“Con el nombre humilde que quieran ponerme”

El contenido de la poesía de nuestro vate, se magnifica cuanto más fría y exigente es la sociedad de consumo. Tal vez porque fue un predestinado a rescatar la flor de entre las piedras y poner luz en las sombras del agobio cotidiano.

La poesía de José Pedroni constituye un legado intransferible para todos los hombres y mujeres que hacen de la simplicidad una filosofía de vida.

Todas esas personas que encuentran en cuanta actitud diaria podamos imaginar, algo de poesía, como una canción cantada en el tránsito por la vida con la mejor melodía del alma.

Y sin embargo, ante lo avatares de una sociedad agresiva e individualista, como la que nos toca vivir, pareciera que la poesía de “el hermano luminoso” quedara en un plano relegado, huérfana de espacio para proyectarse y reproducirse en la voz de los juglares.

No es así, aunque transcurren otros tiempos.

José Bartolomé sigue siendo de todos y para todos

“Que la gente se olvide de mi nombre y recuerde mis versos”, afirmó alguna vez, convencido de la perennidad del verso.

Anduvo por todos los caminos del talento inspirador para encontrar en cualquier lugar o referencia que fuese, la llama suficiente para alumbrar un nuevo poema.

Así le cantó a la rebelión ante las injusticias, a las herramientas, a quien cambió su tierra por una damajuana de vino, a la mujer que esperaba mientras su hombre se bebía el jornal en la taberna al hombre de pala y la mujer de cesta, al milagro de la fecundidad , a todo y a todos, en tanto y en cuanto recibía la brisa inspiradora o su espíritu se conmovía para volcar en palabras el idioma del corazón que únicamente hablan los elegidos como él, pero que nadie está exento de poder comprender.

Pedroni vive en cada calle de la ciudad a la que tanto amó,-no obstante haber nacido en Gálvez- y donde encontró el sustento para volar en cada verso hacia la inmortalidad o hasta el cielo donde los poetas siguen pariendo versos.

Porque era un contador de vulgares modos, según su propia opinión, pero también un cántaro de agua fresca en su mundo de palabras.

José Pedroni sigue siendo un faro para quienes no nos resignamos a perderlo en la maraña de un noticiero que nos muestra la última guerra declarada.

Él manifestó en sus “Palabras al hijo por nacer”:.” No digas abominad ni digas obedeced, no agravies, no niegues, no maldigas, discurre, anima observa.”

Murió en Mar del Plata, “mirando el vuelo de una paloma”, al decir del riojano Fermín Alfredo Anzalaz. Una sencilla tumba guarda sus restos en el cementerio de Esperanza.

Jorge Raúl Pirola