Cómo es el trabajo de un grupo de biólogos que busca preservar a una especie en peligro y clave para el ecosistema en el Parque Nacional Iguazú

El Parque Nacional Iguazú no sólo es uno de los más visitados y valorados de la Argentina. También es el resguardo de especies que pelean por su supervivencia. Una de ellas, es la tortuga herradura, un animal considerado como vulnerable y con un valor especial para el ecosistema del lugar.

Esta especie de tortuga habita ríos y arroyos rocosos poco profundos con correderas de las provincias de Corrientes y Misiones.

Es una especie seriamente amenazada por la construcción de represas hidroeléctricas que limitan su hábitat y las aíslan con una tendencia poblacional en decrecimiento.

Los especialistas empezaron a notar que las tortugas anidaban al costado de las vías del trencito que va a la Garganta del Diablo. Allí, en épocas donde los turistas llegan al parque, la gente alimenta a los coatíes y les tira alimento. Entonces cuando estos mamíferos buscan su comida, arrasaban también con los nidos.

La tortuga herradura, seriamente afectada por la presencia de turistas, hace su nido a unos 5 centímetros de profundidad y pone entre 11 y 17 huevos. Esta especie de tortuga habita ríos y arroyos rocosos poco profundos con correderas de las provincias de Corrientes y Misiones.

La tortuga hace su nido a unos 5 centímetros de profundidad y pone entre 11 y 17 huevos. La especie a menudo toma el sol en rocas expuestas en su hábitat ribereño, pero no en bancos de arena.

Se alimenta, principalmente, de pequeños caracoles, bivalvos, artrópodos acuáticos y posiblemente carroñeras de pez. La vida media de esta especie es de 15 a 20 años y las hembras alcanzan la madurez entre los 10 y 12 años.