Recientemente, la Fundación Instituto Leloir, el Conicet y Vaxinz firmaron un acuerdo para transformar el desarrollo científico en un producto farmacéutico que luego pueda ser producido a escala industrial bajo rigurosos estándares.
En este entramado, el Centro de Medicina Comparada (Conicet-Universidad Nacional del Litoral) en Esperanza, encabezado por Hugo Ortega, director del centro y coordinado por la Natalia Salvetti, responsable de control de calidad, está trabajando en el diseño y ejecución de las estrategias de ensayos preclínicos regulatorios para armonizar no solo los requerimientos de Anmat, sino también de otras agencias regulatorias.
El objetivo de las modificaciones es lograr una respuesta inmune más potente y protectiva, al mismo tiempo que hacer más eficiente la producción, de manera de poder proveer un número mayor de dosis en menor tiempo.
Ortega adelantó que la vacuna podría estar lista antes de fin de año, pero el desafío, ahora, radicaría en resolver cómo garantizar la protección contra las nuevas cepas del virus. “Una vez alcanzado ese objetivo vamos a entrar en producción con la vacuna optimizada para cubrir las distintas variantes, en el correr de este año, para iniciar las pruebas clínicas a continuación, para las que ya hemos definido el diseño y acordado su ejecución con los sitios en los cuales se desarrollaran”.

Hasta el momento, la vacuna ha sido probada en laboratorio con buenos resultados: “En los estudios preclínicos la vacuna generó una respuesta inmune potente contra el virus SARS-CoV-2 en el 100% de los animales vacunados y se mantuvo durante al menos 5 meses sin decaer.
La vacuna, que podría estar lista antes de fin de año, tiene una tecnología similar al componente dos de la vacuna Sputnik y AstraZeneca.
