Con un título inspirado en una referencia bíblica, “Carrozas de fuego” que se estrenó el 30 de marzo de 1981, hace justo 40 años, recrea la preparación de dos atletas británicos para competir en los Juegos Olímpicos de París en 1924, en el período de entreguerras mudiales.
Uno de los atletas, Harold Abrahams (cuya historia real inspiro la película) es de origen judío y percibe falta de apoyo por parte de una sociedad que describe como “anglosajona y cristiana”. El otro, Eric Lidell, es cristiano evangélico de la iglesia reformada de Escocia y sus padres son misioneros en China. Es extrovertido, humilde y decide anteponer sus convicciones antes que sus posibilidades de fama y fortuna.

La trama de la película, que está inspirada en hechos reales, se construye sobre la base de los entrenamientos de cada uno en los meses previos a la competición internacional. A lo largo de dos horas de metraje, se abordan de modo superficial temas como el antisemitismo, la diferencia de clases y el contexto histórico en la Europa posterior a la Primera Guerra Mundial.
El film muestra los pasos desde el amateurismo hacia el profesionalismo, y rinden tributo al deporte y a su belleza estética. De hecho, la secuencia más perdurable es aquella que encuentra a los corredores en la playa, felices por la práctica del atletismo en sí misma.
