¡Año Nuevo… vida nueva!

Los últimos días del año que se fue,  nos dejan un sabor amargo por no estar conformes con el resultado del célebre “balance”. Este es la vedette de diciembre y para muchas personas se transforma en el acelerador de deseos de que llegue enero. En este comienzo de año estamos depositando todas las expectativas para que las cosas cambien y podamos tal vez comprometernos más con lo que queremos cambiar.

No basta con desear que todo cambie, ni con soñar que sin modificar nada de lo que hago las cosas van a mejorar, y mucho menos se trata de tener la creencia de que mágicamente  se va a resolver sin que haga nada para que suceda.

Para que este año sea diferente debo hacer las cosas de manera diferente. Los 365 días puedo elegir comprometerme con mis objetivos y tratar de seguir el camino que me lleve a alcanzarlos. Un objetivo claro hace que me resulte más fácil trazar el camino hacia el. También es importante definir el lapso de tiempo que me voy a dar para conseguirlo. Tengo que ser realista y considerado en cuanto a la exigencia que me plantea el objetivo, las dificultades que pueden surgir, que tan cerca estoy de lograrlo o no, etc.

Y por último tener en cuenta que no sirve de nada todo lo que puedo llegar a hacer si en el fondo no estoy creyendo que soy capaz de lograrlo. Si siento que para mí es imposible, o que no tengo aptitudes y capacidades para lograrlo estoy dando vueltas en círculo. La confianza en uno mismo y en el desarrollo y crecimiento que nos dejan las experiencias es fundamental para embarcarme a buscar o generar todo aquello que quiero.

Lic. en psicología Analía Rippstein