Conocida como “la poeta del amor” y enunciada muchas veces desde su muerte y de forma dramática, la vida de Alfonsina Storni contempló esto y bastante más.
En un contexto donde Argentina protagonizaba un proceso de modernización, varios de los aspectos de su vida no fueron experiencias aisladas para la época pero sí lo fue su visión aguda sobre los roles asignados al hombre y a la mujer.

Nacida el 29 de mayo de 1892 en Sala Capriasca, Suiza, y pronto venida a la provincia de San Juan en Argentina, Alfonsina Storni perteneció a una familia que tuvo un momento de muy buen pasar económico con la venta de cevezas llamadas “Cerveza Los Alpes, de Storni y Cía”, pero que, producto del fracaso de distintos proyectos de negocio, se empobreció.
Tras la muerte del padre, Alfonso Storni, la madre de la muchacha de apenas 14 años, Paulina Martignoni, quedó a cargo de una familia numerosa, con cuatro hijxs y pobre.

Las mujeres y el trabajo es un tema al que Storni volvió continuamente y lo hizo inscribiendo su pensamiento sobre él de una forma que por lo general fue a partir de la ironía y la parodia. El lugar desde el que escribió fue pensando al trabajo como una salida emancipadora para la mujer al brindarle autonomía social y económica.

Además de escribir poesía, Storni se destacó como escritora de crónicas y ensayos en distintos medios y revistas como Caras y Caretas, Nosotros, La Nota y La Nación, entre otros. En estos dos últimos estuvo a cargo de las secciones femeninas: “Feminidades”, luego “Vida femenina”, en La Nota; y “Bocetos femeninos”, en La Nación, donde firmaba bajo un enunciador masculino llamado Tao Lao.
La poeta y cronista fue madre soltera a partir del nacimiento de Alejandro, su hijo, en abril de 1912. Esta condición estaba lejos de ser aceptada en su época y fue, seguramente, una experiencia más de intensidad que marcó su vida y la llevó a integrar los movimientos de mujeres.

Por último, no se puede dejar de mencionar cómo la escritora puso en jaque a los estereotipos de género al hablar abiertamente sobre el deseo y la sexualidad desde su posición de mujer. Algunos de los ejemplos son el fruto “del amor sin ley” en “La loba” y el “te amé media hora, / No me pidas más”, en “Hombre pequeñito”.
