Alejandra Pizarnik cumpliría 85 años, una poeta inclasificable y única

Si no hubiese terminado su vida con su propia mano, a los 36 años, en septiembre de 1972 (empleando 50 pastillas del barbitúrico Seconal), Flora Alejandra Pizarnik Broznike habría cumplido 85 otoños este 2021.

“Yo he firmado un pacto con la tragedia y un acuerdo con la desmesura”, escribió Alejandra Pizarnik.

Nacida en Avellaneda, Buenos Aires, Argentina, el 29 de abril de 1936, Alejandra Pizarnik escribió un material poético que de alguna manera refleja la vida atormentada por la que pasó, producto de sus fantasmas internos. Los mismos que la tuvieron con sicoanalista y luego con medicación siquiátrica.

Cuando era pequeña, lloraba su acné y se dopaba a anfetaminas para bajar de peso. Se volvió adicta a las pastillas y vívía a caballo entre el insomnio y la euforia: cisnes enfermos volando bajo por aquí. Reventaba a complejos. Tenía celos de su hermana mayor. Tartamudeaba.

Sus padres eran joyeros, inmigrantes judíos de origen ruso y eslovaco. Ella hablaba español con acento europeo y se sentía extranjera en cualquier lado, hasta en su lengua. Una intrusa diminuta -con el pelo a lo garçon y los ojos hundidos- paseando el barrio de Avellaneda.

Empezó Filosofía y Letras en la Universidad de Buenos Aires. No la acabó. Dio cursos de pintura, de literatura y periodismo; cojos todos por falta de método. Pizarnik era lectora, lectora, lectora. Por eso mamó del romanticismo, del surrealismo, del simbolismo francés. Lírica, psicoanalítica, falta siempre de algo, de alguien inalcanzado.

En París, trabajo para varias editoriales y fue amiga de Julio Cortázar, Rosa Chacel y Octavio Paz. Este último le escribió el prólogo de Árbol de Diana (1962), su cuarto poemario.

En París vivió con hombres y mujeres. Allí trabajó para la revista Cuadernos y para algunas editoriales francesas; tradujo a Antonin Artaud, Henri Michaux, Aimé Césaire e Yves Bonnefoy; estudió historia de la religión y literatura francesa en la Sorbona. Se hizo amiga de Julio Cortázar, Rosa Chacel y Octavio Paz.

Se suicidó a los 36 años, con 50 pastillas de Seconal. Por fin salió de su Infierno musical -que sólo era la vida; “Y se fue en medio de ese intento suyo de “explicar con palabras de este mundo / que partió de mí un barco llevándome”.