En la ceremonia del adiós, Cristina comparte el cartel de perdedores con Scioli. No fue candidata, pero eligió mal y eso el peronismo no lo perdona. Esa certeza le produce rabia. Macri es el elegido para descargar un poco de odio.DOS AL ATARDECER
Al atardecer del día 24 de noviembre, a pocos días de su retirada, la Presidenta Cristina se juntó a solas con Mauricio Macri. Se trata del presidente electo con quien debe coordinar la transición. El tiempo es corto. Las formas y la duración del encuentro no constituyeron ningún buen presagio. Cristina escuchó poco al ingeniero sabiendo que traía novedades. Su decisión, por ejemplo, de pedir el alejamiento de Alejandro Vanoli, del Banco Central; de Alejandra Gils Carbó, de la Procuración General, y de Martín Sabbatella, de la AFSCA, el organismo que fiscaliza los medios de comunicación.
La gente del barrio se juntó frente a la quinta. Para la gente es atractivo el encuentro entre las viejas mañas y la política de encuentro y buena onda que quiere inaugurar el ingeniero.
Cristina Fernández cumplió con los rituales políticos forzados por el desenlace del balotaje. Recibió también a Daniel Scioli y Carlos Zanini, con sonrisa falsa. Intentando demostrar un cariño que nunca pudo expresar en la campaña. La mandataria se traga el sapo (y se nota) tratando de evitar el desbande en su espacio político. Por lo menos hasta después del 10 de diciembre. Hizo como si nada hubiera pasado el domingo trágico de balotaje, amén de una derrota a la que consideró “digna”. Con un volumen de votos aceptables para ejercer la resistencia.
La abstinencia de poder aterra a los K. Carbó, Sabbatella y Vanoli no se quieren ir. Ya manifestaron su voluntad de quedarse. ¿Esa será la resistencia que imaginan los K?. Parece que sí, claro que, a diferencia de la histórica resistencia peronista contra la dictadura, esta es (por supuesto) rentada. Por eso. Tal vez, en la retirada (poco digna) infiltran los ministerios con cientos de ñoquis de La Cámpora. Soldados con sueldo y prebendas. Eso no impide que los ojos en la nuca del neo peronismo kirchnerista se aproveche del emblemático nombre, “resistencia”. Como si el nombre les lavara las culpas. Cómico.
PELIGROSA INTIMIDAD
La soledad de Cristina y Macri impide todavía conocer la profundidad de esa charla. Con seguridad la Presidenta no debe haber confesado nada de todo lo que evaluó, un día antes, con Scioli y Zannini. El secretario General pronosticó dificultades para el Presidente electo . Utilizó incluso alguna palabra descalificadora. Macri sospecha que la inmensa mayoría de esas dificultades estarían originadas en la “década ganada” que terminará en días más. “Asumo sin saber nada de lo que recibo”, dijo Mauricio. Conmovedor, no por Macri, sino por la gente, que ve como una Presidenta se apropia (patológicamente) de lo que no le pertenece. “No valió la pena”, dijo Macri al salir.
TERROR A LA JUSTICIA
La Presidenta recibió a Macri, tal vez, mal impresionada por otros anuncios del ingeniero. Su afán con ser implacable en la lucha contra la corrupción, por ejemplo. Un tema que había estado ausente en la agenda de campaña. Pero que figuraría entre las demandas de los ciudadanos que lo votaron. A ellos debe resguardar antes de ir a la caza de aquellos que, tapándose quizás la nariz, optaron por Scioli.
Cristina teme quedar sola frente a las más de un centenar de causas de corrupción. Sospecha dificultades porque el peronismo no perdona a los perdedores. Se justifica el rencor de los compañeros porque perder todo lo que perdieron con un partidito de barrio no es moco de pavo. El error de Cristina (que nadie olvidará) consistió en ponerle a Daniel la fiscalización permanente de Zannini, El Chino fue un salvavidas de plomo para el motonauta. Téngase en cuenta que Daniel comparte la medalla de la derrota con la Presidenta. Ambos, Scioli y Cristina, digan lo que digan, aunque simulen gestualidad de caudillos, en adelante tendrán dificultades para encarar alguna otra hazaña electoral. En el peronismo suele abundar la crueldad con los derrotados. Cristina, es cierto, no fue candidata. Pero fue algo peor, diseñó la estrategia, eligió mal. Eso no se perdona.
