Grageas de gratitud

Por M. Susana Huber – Profesora en Letras y Counselor. “Basta un poco de espíritu aventurero para estar siempre satisfechos, pues en esta vida, gracias a dios, nada sucede como deseábamos, como suponíamos, ni como teníamos previsto.”Noel Clarasó”

Basta cerrar los ojos unos breves segundos en los peores momentos de angustia y estrés, para decir gracias, para que los neurotransmisores ejecuten sinfonías nuevas en nuestras venas:
Gracias por mis hijos, gracias por una pareja que me censure y me estimule, gracias por tener casa que me cobije y unas monedas en los bolsillos que me quiten el hambre testaruda. Gracias por el fuego y por la lluvia. Por tu amistad de copa de vino compartida y oreja dispuesta, por tu hombro blando y tu mano fuerte. Gracias porque he podido ver amaneceres que tenían el color y el aroma de las rosas y noches espesas que ahogaban la luna en un remanso de agua. Gracias por el sol que me doró la piel y las ideas, porque me enseñaron las letras y los números y a defender la vida más allá de los mil duelos y las heridas punzantes. Gracias por poder reír a carcajadas donde no correspondía, y por poder llorar aunque no me dieran permiso.
Y cada vez que enhebro estas gratitudes, las cuentas me cierran con otro balance, las deudas tienen otro compás de espera, la urgencia de lo atrasado puede postergarse un poco más.
Ignacio Trujillo dice que “el disfrute no proviene desde afuera, sino que es una habilidad que se puede aprender, desarrollar y mantener: es animarse a conquistar la actitud de no tener nada que perder y, por lo tanto, todo por ganar”
Y es que ocurre que en la era de las comunicaciones y la tecnología de avanzada, tenemos las mejores computadoras y los mejores celulares, pero para interrumpir la conversación genuina cara a cara, mirada a mirada. En el universo empresarial se habla cada vez más de gestión de calidad, pero se trabajan cada vez más horas corridas para agregar otro turno más. Y con un estrés que carcome hasta los últimos rincones del alma. Las propuestas efectivas de relax y distracción son suplantadas por toneladas de miorrelajantes y ansiolíticos. Y así, la insatisfacción gana por varias cabezas, en la carrera por tratar de estar mejor.
Por eso te propongo una vuelta de tuerca a las percepciones: si somos capaces de agradecer por lo que tenemos frente a lo que nos falta. Si tenemos el coraje de agradecer por los que aún están vivos, aún con los que nos dejaron. Si tenemos el valor de agradecer las veces que nos pusimos de pie, frente a las peores caídas. Si agradecemos el trabajo que aún tenemos frente al que soñamos y que aún puede llegar. Si agradecemos la enfermedad que nos hace reflexionar y los equívocos que nos hacen más humildes. Si agradecemos poder despertar y haber dormido. Si agradecemos los sentidos aunque alguno se haya disminuido. Entonces algo muy valioso dentro de nosotros puede despacio empezar a cambiar.
Hacé la prueba: cerrá los ojos y agradecé algunas cosas básicas que te haya deparado el día. O la vida misma, por haber nacido en lugar, en un tiempo único.
Seguro que volvés a abrirlos con una sonrisa mínima, aunque segundos antes se te hayan inundado las pupilas y los recuerdos.
Gracias por estar prestando atención a mi voz escrita, que envío con tanto gusto al que se dispone siempre a leer.
En serio. Gracias.

M. Susana Huber – Profesora en letras y Counselor.