La bondad de los vínculos sociales

Se dice que somos seres sociales porque el ser humano más que vivir, “con-vive”, y además “interactúa”, lo que significa que actúa o hace cosas entre las demás personas. Una nueva entrega de la columna de la Lic. Analía Rippstein.

Relacionarnos con los que nos rodean deriva de una necesidad innata de los seres humanos, que se conoce como impulso afiliativo. Este está presente desde los primeros años de vida y su fuerza suele ir cambiando, de manera que en algunos momentos como en la infancia y los primeros años de la adolescencia tiene de una gran intensidad.

Las relaciones sociales pueden servirnos para varias cosas: obtener información y apoyo de los demás, aprender cosas de ellos, construir nuestra identidad, nos proporcionan diversión y entretenimiento. Por lo general, puede decirse que las relaciones sociales contribuyen al desarrollo y al bienestar individual.
La salud y los vínculos sociales comparten una estrecha relación. Por ejemplo, las personas que han sufrido un infarto tienen más probabilidades de recaídas cuando viven solos, por lo que el aislamiento social es un importante factor de riesgo para algunas enfermedades, especialmente en el caso de las personas mayores. Pero esta relación entre salud y relaciones sociales es bidireccional, ya que una pobre salud física también puede llevar a una reducción de las interacciones con otras personas y al aislamiento del individuo: reduce la energía, la persona se deprime, no tiene motivaciones o metas, etc.

El apoyo social proporciona confianza, compañía, ayuda instrumental (dinero, tareas domésticas) y apoyo emocional. Contribuye a mejorar el autoconcepto y la autoestima, y a mantener el control interno (porque aumenta la sensación de control que tiene la persona sobre su vida). También indirectamente nos protege de los efectos negativos del estrés ayudándonos a superar situaciones difíciles.