La eyaculación precoz es una falta de control sobre el reflejo eyaculatorio, es un trastorno de la fase del orgasmo durante la relación sexual. La gran mayoría de los hombres experimentaron una eyaculación precoz en algún momento de su vida sexual. Es el problema sexual más frecuente en hombres, afectando a entre el 25 y el 40% de ellos.
Cerca del 75% de los hombres experimentarán una vez en su vida una eyaculación precoz, mientras que la tasa de prevalencia de la eyaculación precoz como un trastorno clínico se sitúa mundialmente en aproximadamente el 30% de los hombres.
El proceso físico de la eyaculación requiere dos acciones secuenciales: la emisión y la expulsión. La emisión es el primer mecanismo e involucra la deposición del líquido seminal de los conductos deferentes, las vesículas seminales y de la glándula prostática a la uretra posterior.
La segunda fase de la expulsión del semen incluye el cerrado del cuello de la vejiga seguido de contracciones rítmicas de la uretra por intermedio de los músculos pélvicos y del perineo y la relajación intermitente del esfínter externo de la uretra.
Los adolescentes experimentan episodios de eyaculación precoz durante sus primeras relaciones sexuales, pero con el tiempo aprenden mejorar el control eyaculatorio. Debido a que hay una gran variabilidad entre el tiempo que le toma a un hombre eyacular y el tiempo en que ambos amantes deseen que dure su relación sexual, se ha determinado científicamente que la relación sexual debe durar un promedio de 6 minutos y medio en hombres de 18 a 30 años con una amante femenina.
En una relación sexual normal, la excitación en el hombre aumenta progresivamente hasta la fase denominada “meseta”, disfrutando de su placer sexual hasta el momento que de forma voluntaria llega a un clímax. El hombre que padece eyaculación precoz no puede permanecer en la fase de “meseta”, sino que existe una excitación rápida y una eyaculación involuntaria y temprana. En muchos casos, la eyaculación precoz es un signo de una afección psicológica (ansiedad, nerviosismo, etc.) o emocional (culpabilidad, angustia, etc.) y en pocos casos es debido a un trastorno anatómico o fisiológico.
Causas orgánicas [editar]
La eyaculación precoz puede ser consecuencia de infecciones urogenitales de la uretra posterior y de la próstata, así como de alteraciones de tipo neurológico, trastornos degenerativos, alteraciones vasculares, fármacos (antidepresivos, antihipertensivos, estimulantes y antigripales -que contienen pseudoefedrina), desequilibrios hormonales y enfermedades que alteran los mecanismos reflejos de la eyaculación.
La eyaculación precoz puede ser causada, por depresión, estrés relacionado con asuntos económicos, demasiadas expectativas sobre su capacidad sexual, una historia clínica de represión sexual o una falta generalizada de autoconfianza, una falta de comunicación entre las parejas y sus círculos sociales, heridas emocionales o conflictos no resueltos que interfieran con la habilidad de lograr una intimidad emocional.
La eyaculación prematura puede llevar a otras formas de disfunción sexual, o bien intensificar el problema subyacente, especialmente al crear ansiedad relacionada con su rendimiento sexual.
En otro contexto menos patológico, la eyaculación precoz puede deberse simplemente a un estado de extremo deseo y excitación sexual.
Dependiendo de su severidad, la eyaculación precoz puede ser reducida considerablemente. Los tratamientos para los casos más leves se enfocan en entrenar gradualmente al paciente, mejorando su condicionamiento mental al sexo y el control de su estímulo erótico.
