Adolescencia (segunda parte)

En la columna anterior hablamos sobre las conductas de los adolescentes. Ahora vamos a enfocarnos un poco más en los papás que acompañan a estos chicos en pleno desarrollo. El verdadero reto de ser padre de un adolescente, pasa por mantener una comunicación abierta y fluida con él, pudiendo trasladar nuestras inquietudes sin predicar ni dar sermones. Debemos aprender a explicar nuestra postura sin menospreciar sus opiniones, respetándolos y pidiendo que se nos respete también. La buena comunicación en el interior de la familia es una condición esencial que debe darse en forma permanente y espontanea.
También hay que tener en cuenta que es de gran valor tener estas conductas con los hijos adolescentes: tratarlos como personas importantes, porque así obviamente lo son. Ayudarlos a que se sientan bien consigo mismos, que conozcan sus fortalezas y talentos así como también sus debilidades. Es mucho más beneficioso darle incentivos que castigos. Muchos padres no se dan cuenta de dar opciones a sus hijos. Estas conductas paternas son muy valorables, porque en vez de estar diciendo todo el tiempo que no a las peticiones, le pueden mostrar que están abiertos a negociar entre una u otra situación.
Y por último, hay que ser consistente en la manera de aplicar las reglas, estableciendo los límites con amor. Se habla actualmente de una incapacidad de los padres para poner límites, porque no se comprende bien el significado de estos últimos. Hablamos de límites sanos, de enseñarles la tolerancia, la perseverancia, el respeto y ese no, que seguirán encontrando muchas veces en su camino toda su vida.
Decirles que confiamos en ellos, que los creemos capaces de cosas buenas, dedicarles tiempo y atención, no gritarles ni sermonearlos, pueden hacer que la relación sea más sana y los acompañemos satisfactoriamente en esta etapa tan turbulenta.

Lic. en Psicología-Analía Rippstein