Un gobierno al que todo le sale mal

En cualquier oficio se pueden cometer errores. Un error, otro más, hasta que se adquiere la experiencia necesaria. Ahora, cuando todo sale mal, algo pasa. Eso es grave y más todavía, si el que pone la plata para los experimentos es otro.

1) Ya no quedan optimistas
No basta descubrir los males de la ciudad para que se remedien. Tal vez eso creímos alguna vez y los lectores, con justicia, podrían haber pensado que éramos unos malditos optimistas. Pueden decir también que somos unos malditos pesimistas porque “nos parecía” y decíamos que esta ciudad estaba muy mal. Y el caso es que nos sigue pareciendo lo mismo. Nos sigue pareciendo que todo es igual: algunas cosas de las de antes han mejorado, otras han empeorado. Suma y sigue: el conjunto o el fondo de todo, igual.
¿Por qué seguir escribiendo entonces, si no hemos sacado nada escribiendo durante más de seis años? Los temas que antes nos ocupaban eran principalmente los mismos que hoy nos siguen ocupando. Viviendas, pavimento, promoción social, medio ambiente, cloacas, parque industrial, venta de alcohol a menores. Como también el proceso de “cretinización del pueblo” (prensa, radio, libros, etc) y la corrupción de los gobernantes, asuntos que padecemos en conjunto con toda la Nación.
De todo eso escribíamos y seguimos escribiendo con todo el equipo de este periódico. ¿Quién nos podrá negar que todo sigue igual o peor? ¿Qué hacer ahora? ¿Seguir haciendo lo mismo, sin la menor esperanza por lo menos de ver llegar el remedio.?

2)Todo le sale mal al gobierno municipal
Que una de las cosas que el Intendente se anime a encarar le salga mal vaya y pase, pero cuando “todas” las cosas le salen mal, algo está pasando:

a) Plan de accesibilidad
Una obra esperada y recibida en principio con notable beneplácito por la gente. Tenía todas las de ganar, la pagaba el frentista, el partido gobernante se anotaba un poroto y todos contentos. La arruinó el “pijoterismo” político de la actual camarilla gobernante con Meiners a la cabeza. ¿Querían obtener un rédito político sin poner nada?. La chancha y los veinte. Si desde el Municipio se hubiese practicado, aunque más no sea, una pequeña porción de generosidad (además con plata ajena, de los contribuyentes) el éxito se descontaba. Era cuestión de repartir el costo de la obra entre todos los esperancinos usando plata de la Municipalidad, Rentas Generales, para aliviar las cuotas a los frentistas. Se lo dijeron, se lo dijimos. Muchas veces. No dieron el brazo a torcer, querían asegurarse los costos y encima ganar plata. Hoy, tarde, se dan cuenta que la gente no puede pagar, la morosidad es del 30% y peligra la continuidad de la obra.

b) Parque Industrial
Otra prueba de la impericia oficial. Otra prueba, además, de abulia de un gobierno pijotero y, además, ventajero. El CICAE juntó un centenar de pequeños empresarios y con el aporte de todos se compró un predio con la esperanza de construir un muy necesario parque industrial. Se sumó el Municipio como un miembro más del equipo, sin que le sobre nada, comprando un terrenito. La posesión de la tierra hizo pensar a los genios meineristas que la cosa andaba viento en popa. Los “políticos” de la Municipalidad vieron la oportunidad de sacar ventaja y se pusieron al frente del proyecto aprovechando la salida del empresario Simonutti impulsor de la idea de compra de la tierra. “Empresarios privados y Municipio codo a codo” decían los politicólogos oficiales. Se habló, se prometió, se hicieron asambleas, viajes, inauguraciones y presentaciones. Se charló hasta por los codos, le tiraron promesas a la gente para que tenga y guarde. Pero el núcleo, el corazón de la obra no latía sin la corriente de fondos que “debía” llegar desde los bolsillos oficiales a los sacrificados miembros del fideicomiso, hacía falta un poco más que “quiso de lengua”. Léase Plata que venga del gobierno: De la Nación (Intendenta “K”, gobierno “K”, pan comido habrán dicho), de la Provincia (cuyos funcionarios son los únicos que hablaron claro. Solo créditos blandos cuando completen los papeles, dijeron.) y el Municipio que, por supuesto, mira para otro lado cuando le piden plata). Otro fracaso de la gestión Meiners. En este momento los propietarios de los terrenos saben que no pueden contar con la Municipalidad para nada. Ni siquiera para aportar mano de obra (municipal) o equipos para comenzar con algunos trabajos.

c) Edificio Correo y palacio Stoessel
Los dos inmuebles componen un combo que, se supone, tendría que incluirse entre las pesadillas de la señora Meiners. La señora, compró (con plata que podía utilizarse para otra cosa) el derruido edificio histórico de la esquina de Belgrano y Lehmann. Todo bien, si la Intendenta hubiese tenido la remota intención de continuar gastando plata para ponerlo “en valor”, porque para dejarlo así, sabiendo que se trata de poco menos que una “tapera” en el centro de la ciudad, no lo hubiera comprado y listo. Lo que hizo la intendenta con este asunto es un escándalo a corto plazo. Y eso no es todo: en otra jugada magistral, prometió destinar una suma de “obras menores” para arreglar el viejo edificio del Correo que se encuentra en la calle Castellanos. Pidió presupuesto. Cuando se lo dieron se le pararon los pelos del flequillo y se llamó a silencio. ¿Qué pasará con este asunto? La Intendenta acusa amnesia cuando le preguntan. Otro fracaso.

d) Final esperanzador pero no tanto
Dejamos solo estos temas de muestra para que se comprenda un poco el pesimismo de la gente de esta ciudad. Pesimismo que no tenemos más remedio que compartir. Estos asuntos que detallamos no se podrán solucionar mientras
subsista la fragmentación que proponen los dos partidos gobernantes. Se habla de unidad, de diálogo pero esa es la unidad de los granos de arena que pueden estar juntos pero unidos nunca. Para unirse necesitan un objeto sólido donde apoyarse. La verdadera vocación política se pone en la vereda de la gente y resigna lo particular para conseguir el bien común. Aunque, tal vez, no haya verdaderas vocaciones políticas en esta ciudad y, las que hay, se malogran. Si no hay buenas referencias, entonces no hay como entrenarse para gobernar, los gobernantes no nacen en los repollos, los gobernantes se hacen.