Hace muchos años en algunas estancias situadas junto a caminos o rutas se solían construir pequeñas casas conocidas como “croteras” con el propósito de brindar refugio a los “linyeras” o personas sin hogar.
Los linyeras eran en general hombres que se desplazaban caminando o viajando escondidos en los trenes de manera vagabunda, nunca se quedaban mucho tiempo en un lugar, no tenían trabajo fijo.
El linyera quería libertad, independencia y soledad. Su nombre probablemente provenga de “lingerie”, vocablo francés destinado a designar a la ropa interior que tenía en sus atados. Los linyeras llevaban al hombro un prolijo paquete cuadrangular que los italianos denominan “lingera”. Además portaban la “bagayera”, palabra derivada del español “bagaje” o del italiano “bagaglio”, que quiere decir equipaje. Este es un atado de tamaño menor donde guardaban la olla y la pava, y dentro de ellas sus cubiertos, el mate con su bombilla y un plato hondo enlozado.
En tiempos pasados, el Dr. José Camilo Crotto (1864-1936), durante su mandato como gobernador de la Provincia de Buenos Aires, emitió el Decreto 3/1920, el cual otorgaba autorización y permitía a los peones rurales viajar de forma gratuita en los trenes cargueros.
Estos peones comenzaron a ser conocidos como “crotos”. A lo largo del tiempo, el término “croto” adquirió connotaciones como vago, atorrante, mal vestido o sucio, y se utilizó para referirse a las personas sin hogar o con apariencia descuidada.
En Argentina y Uruguay, el término “linyera” se utiliza para describir a aquellas personas que presentan un aspecto sucio y descuidado, carecen de ocupación y no tienen un lugar fijo de residencia, dependiendo de la caridad pública para subsistir en la vía pública.
La diferencia entre “croto” y “linyera” radica en que el croto busca trabajo y depende de la caridad, mientras que el linyera busca independencia y libertad, prefiriendo vivir de forma solitaria.
