El miércoles pasado, el titular de Toyota Argentina aseguró que la automotriz necesita 200 nuevos trabajadores, pero se enfrenta a un problema: la mayoría de los candidatos no cuenta con el secundario completo; requisito minimo para el ingreso a planta permanente.
En un contexto de crisis económica, escasez de oportunidades, caída de los puestos disponibles y estadísticas preocupantes de deserción estudiantil: ¿cuál es el estado actual de la educación?
Una encuesta realizada a principio de año por la consultora Randstad arrojó que aquellos que cuentan con estudios incompletos son aún más propensos a caer en la informalidad.
Antes de la pandemia, solo la mitad de los adolescentes que ingresaban a la escuela secundaria lograban terminarla. De esos egresados, solo el 27 % lo hace en la edad esperada: el resto, repite al menos una vez. Otro 15 % obtendrá su título más tarde, a partir de programas de terminalidad educativa para jóvenes y adultos.

La desigualdad socioeconómica está en el ojo de la tormenta. Las últimas pruebas PISA evidenciaron que 25 % de los adolescentes de 15 años con más recursos supera en al menos dos años la calidad de aprendizajes del 25 % más desfavorecido.
Muchos abandonan porque deben trabajar para compensar los ingresos del grupo familiar, porque no existen políticas adecuadas para sostener la escolaridad de madres y padres adolescentes o por falta de incentivos. Se crea un círculo vicioso, donde la exclusión pasa del ámbito educativo al laboral.
En el fondo, lo que hay es una pérdida de sentido de la escuela, porque también saben que, aunque se reciban, no hay trabajo para todos.
