Todo empezó en mayo de 1921 en la Europa de la entreguerra con una estrepitosa caída del marco. Hace exactamente un siglo, en mayo de 1921, tuvo lugar el histórico “Ultimátum de Londres”, la cumbre que estableció el cronograma de pagos que Alemania debía cumplir en concepto de las reparaciones de guerra a los Aliados.
La tasa de inflación anual llegó a un máximo de 182.000 millones por ciento: un solo dólar cotizaba a 4,2 billones de marcos alemanes. El último billete de la híper alemana acumuló 14 ceros: para darse una idea de la gravedad de aquella devaluación. Luego de este periodo, unca mas Alemania paso por una situacion economica inflacionaria.
La inflación, entendida como el aumento de precios generalizado y persistente en el tiempo, se fue convirtiendo con el pasar de las décadas en parte de la cultura argentina.
Hasta 1945 las inflación viajaba bastante acoplada a la inflación mundial. Los precios en los países desarrollados por diferentes causas también subían. Pero desde ese año, se convirtió en un problema propio. La inflación ya era Argentina. Ese año el termómetro marcó una suba de precios de 19,7% explicada por varios efectos simultáneos.
El primer efecto, fue el inicio de un proceso que suele identificarse como lucha distributiva. Impulsadas por Juan Domingo Perón, ese año se lanzaron políticas sociales destinadas a mejorar el ingreso del trabajador y transferir riqueza desde las clases empresarias a las clases obreras.

El problema fue que esos beneficios no eran consecuencia de un mayor desarrollo y riqueza en el país. Sino que venían a distribuir la misma porción de torta entre más personas, y específicamente entre los sectores más desfavorecidos. Esos beneficios aumentaron los costos de producción de las empresas, que no aceptaban resignar ganancias y rápidamente los trasladaron a precios.
Todo lo que el Estado brindaba, lo financiaba emitiendo dinero y endeudándose porque su recaudación de impuestos no alcanzaba.
En marzo de 1946 se nacionalizó el Banco Central de la República Argentina (BCRA), también los depósitos y el crédito. De esta manera el Gobierno comenzó a manejar el crédito de la economía y ordenaba la constante creación de dinero para cubrir sus déficit fiscales generados por su creciente gasto público.
Fueron medidas que favorecieron a unos y perjudicaban a otros. Quedaron allí sembradas las semillas de una economía que en adelante, y hasta el día de hoy, todos tironearían por sacar su mayor tajada.
