Ana Maria Meiners comenzó a despedirse ignorando la voluntad popular. Esta particular actitud, que nada tiene tiene que ver con el concepto social que persigue el partido que representa, deja al justicialismo local sin entender muy bien como llegar a las próximas elecciones, sin las manchas de limpiar los escombros de una ciclovia.
Los relojes corren y acumulamos años de vivencias que hace a las personas actuar con cierta impunidad. Por sobrada experiencia, los argentinos sabemos que la demagogia e impunidad, en nuestros gobernantes, nunca acaba bien. El problema real comienza cuando, justamente la dirigencia encalla en el poder, y dejan de percibir las emociones del pueblo, con una visión sesgada y frígida de la realidad.

En un año electoral, con la segunda ola de covid amenazando el estado sanitario nacional, Meiners decidió dar marcha a todo vapor, en la construcción de la (tristemente) célebre Ciclovía de Avenida de los Colonizadores. Sin reparo en los protocolos de revisión y licitación, que amerita una construcción de tal envergadura, cedió el contrato de obra a una constructora amiga. Reminiscencia de la ‘década ganada’.
En este marco, el séquito oficialista, que observa y asiente en actitud pasiva, como quien no quiere contradecir a la abuela ya longeva, solo se encarga de desmentir las publicaciones de los medios y vociferar que respetan y bregan por el arte.
Por cierto; la misma empresa constructora, que según entiende la gestión Meiners, también se especializa en traslados de esculturas asentadas en adobe y yeso, sera la encargada de la remoción y cuidado de las obras de Erni Borla. Sobran suspicacias y faltan aclaraciones.
