El sábado 15 de enero de 1944, a las 21 horas, la ciudad de San Juan cambiaría para siempre el destino para los casi cien mil habitantes de la capital, cuando la tierra tembló durante interminables 25 segundos, como nunca lo había hecho.
El último terremoto de magnitud había sido el 27 de octubre de 1894. En esta ocasión, las construcciones de esa vieja ciudad de San Juan, levantada en adobe, se derrumbaron.

Luego de esos 25 segundos, la gente, que iba de un lado para el otro, tropezaba con cuerpos y escombros mientras escuchaban por todos lados gritos de auxilio, que se irían apagando con el correr de las horas. Casi la totalidad de las construcciones de la ciudad se vinieron abajo. La mitad de los habitantes de la provincia perdieron sus casas. Fue el terremoto más destructivo.

Fueron los esfuerzos del radioaficionado José Laureano Rocha que hizo lo imposible para hacer funcionar su equipo para comunicar sobre la tragedia y pedir ayuda. Sería distinguido con la medalla de oro de la Presidencia de la Nación por su labor.

Como los muertos comenzaron a descomponerse y aumentaba el riesgo de las enfermedades, a la entrada del cementerio los soldados cavaron una fosa de cuatro metros de ancho por cien de largo y de tres metros de profundidad.
Los fallecidos eran llevados en camiones y arrojados en esa fosa, donde el fondo había sido cubierto con leña. Hombres, mujeres, niños, todos eran incinerados. Un grupo de hombres se ocupaban de alimentar el fuego con combustible.

Nadie se ocupó en confeccionar una lista de muertos. Por eso es que solo hay números estimativos de las víctimas fatales. Siete mil o hasta diez mil fallecidos, y 12 mil heridos, pero son cifras estimativas.
Hubo mucha gente que ayudaba en el rescate, calles que ya no existían, individuos desesperados que todo lo habían perdido, algunos fueron baleados al querer robar; esa desesperación los llevaba a cometer todo tipo de atrocidades, como el de cortar dedos u orejas de los muertos en procura de alhajas de oro.

Se planeó un festival en el Luna Park para el 22 de ese mes. Lo recaudado serviria para ayudar a reconstruir la ciudad de San Juan.Esa noche, cuando los números artísticos finalizaban, el coronel Aníbal Francisco Imbert le presentó a Perón a la actriz Eva María Duarte, y fue la rapidez de reflejos de otro de sus amigos, el coronel Domingo Mercante, quien la ubicó en la butaca al lado del funcionario. No se separarían más.

El nuevo diseño urbano incluyó avenidas y calles más anchas con más plazas. Una de ellas, la Hipólito Yrigoyen es más conocida como la “plaza de la joroba”, ya que tiene una loma hecha con escombros de aquel terrible terremoto
