Desde la muerte de Silvina Ocampo y su hija, Marta Bioy Ocampo, hasta los viajes por el mundo; los últimos años del autor de “La invención de Morel” son recorridos en las memorias de Lidia, su enfermera personal, que lo acompaño al ritmo de sus dolencias pero también de los importantes homenajes que le brindaron las principales universidades de Europa.
Las largas horas que Adolfo y Lidia pasaron juntos dieron paso a las confesiones y las confidencias. Algunas de las amantes del escritor todavía pasaban por el departamento de Posadas y, como muchos otros visitantes, se llevaban algunas de las valiosas piezas de arte o libros que abundaban en la casa.

Al respecto, su enfermera persoanl conto que “entraba mucha gente sin pedir permiso y a veces se llevaban lo que querían: cuadros, porcelanas, adornos y cristalería, y muchas cosas más. Incluso desapareció hasta la cama de bronce de Silvina” conto la enfermera.

Lidia recuerda también a sus grandes amigos, como Enrique Drago Mitre, escritoras como Vlady Kociancich y María Esther Vazquez y hasta personajes como Daniel Tinayre hijo, que compartía en Posadas, las tradicionales cenas de los sábados.
La preocupación por el dinero es un tema recurrente también en estas memorias. Lidia describe a un Bioy acostumbrado a “despilfarrar” con problemas económicos a partir de la muerte de Silvina y Marta, una cuestión que atribulaba al escritor.

El escritor, además, legó el 20 por ciento de su fortuna a Lidia, que fue una de las partes en litigio en el largo juicio sucesorio de la familia. La enfermera aclara también, que Adolfo le propuso casarse varias veces, pero ella lo rechazó.
