Cada 16 de diciembre la supuesta sangre de san Jenaro, el patrón de la ciudad de Nápoles, es sacada de la caja fuerte donde se custodia en una capilla de la catedral para exponerla ante los feligreses. Monseñor Vincenzo de Gregorio la agitó este miércoles esperando que la sustancia sólida que conserva el relicario se licuara, como suele suceder en esta señalada fecha. Pero no se alteró. Mal asunto. Que no aparezca un líquido es el peor de los presagios para los supersticiosos napolitanos.

En Italia recuerdan con temor algunas de las desdichas que han sucedido cuando no se ha obrado el “milagro” de san Jenaro. Por ejemplo, en 1939, antes de la Segunda Guerra Mundial; en 1973, el año en que Nápoles sufrió una epidemia de cólera; o en 1980, el terremoto de Irpinia, que provocó casi 3.000 muertos. No siempre se cumple la profecía, ya que la última vez que no se licuó fue en el 2016, sin ninguna gran tragedia para la ciudad.
El miércoles los fieles acudieron a rezar por la clemencia del santo, sin suerte.

Rápidamente las redes sociales se llenaron de comentarios interpretando un 2021 negro para la ciudad partenopea. Corrieron ríos de tinta y reportajes televisivos sobre el estado de la sangre. Hay incluso quien lo asocia con el castigo por cambiar el nombre del estadio del Nápoles de San Paolo a Maradona, un honor tras el fallecimiento de la estrella argentina a quien allí también veneran como a un santo.
“San Jenaro es un santo especial con más de 25 millones de devotos por todo el mundo, hasta en Madagascar”, remarca el escritor napolitano Maurizio Ponticello.

“Delante de un notario y dejando una silla vacía para san Jenaro, le prometieron que si se ocupaba la ciudad le harían la capilla más bonita del mundo. Y lo hicieron. “Es la más rica de todo el planeta, con regalos de reyes y emperadores extranjeros”, explica. Por eso los napolitanos escupen todo tipo de exabruptos cuando no ocurre el supuesto milagro. Consideran que san Jenaro no ha respetado su parte del pacto.
No hay una explicación aceptada para este fenómeno. En 1988, el arzobispo de Nápoles pidió a un científico de Turín que examinase la sangre y este dictaminó la presencia de hemoglobina, que excluía que fuese una sustancia de naturaleza diferente de la sangre.

Sin embargo, en 1991 un grupo de científicos aseguró en la revista Nature que había obtenido una sustancia similar del color de la sangre a partir del polvo de molisita, presente en los volcanes y con estas mismas propiedades tixotrópicas, es decir, que se licua al agitarse.
