Crítica: ‘Adult Material’, la miniserie inglesa que revela un trasfondo humano en la industria del entretenimiento para adultos.

La protagonista de Adult Material es una estrella del cine para adultos que en realidad se llama Hayley Burrows y que, lejos de los estudios de grabación, trata de ser una madre estricta con sus tres hijos y una esposa (a veces) complaciente con su marido.

Una rutina como la de cualquier mujer, de no ser porque evita contarles a los dos más pequeños a qué se dedica y trata de hacerle entender a la mayor, ya adolescente, el porqué de su pasión por su trabajo.

Una serie no apta para moralistas con sentido del humor. Aunque sea Inglés.

En este universo de redes sociales y vídeos que llegan por mensaje, Hayley también se convierte en Jolene Dollar en la intimidad de su casa, con la ayuda de su marido, o en un túnel de lavado. Porque cualquier momento es bueno para rentabilizar el éxito que tiene entre sus seguidores y que le ha permitido disfrutar de un tren de vida con el que no podía ni soñar cuando era adolescente.

Sin embargo, la satisfacción que le reporta su trabajo no es inocente y Hayley tiene muy presente la importancia de seguir las reglas en un entorno que es propicio para los abusos. Un compromiso que le costará caro cuando descubra que una compañera terminó rodando una escena que, en un principio, no quería hacer.

“Adult material” expone un trasfondo social detrás de una industria que mueve millones de dolares al rededor del mundo.

Compuesta por cuatro episodios de 45 minutos cada uno, Adult Material es una miniserie que se adentra en el lado menos atractivo (si es que lo tiene) del cine porno, para poner sobre la mesa temas tan relevantes como el consentimiento en las relaciones íntimas, la educación sexual y la hipocresía que existe en torno a esta industria que mueve miles de millones en todo el mundo.

Con Hayley Squires (Collateral) interpretando con acierto a la deslenguada y provocativa protagonista, Adult Material se adentra en una espiral destructiva que con practicidad, pero también con amargura, está lejos de ser un cuento de hadas.

Una historia no apta para moralistas en la que la educación, las experiencias vitales y la importancia de poner límites marcan un desarrollo ágil en el que, afortunadamente, también hay tiempo para el humor. Aunque sea británico.