Golpe de estado? a 57 años del asesinato de John F. Kennedy, ¿qué se sabe de nuevo en este aniversario?

El 22 de noviembre de 1963 sucedió lo impensable. Ese día, el hombre más poderoso del mundo murió acribillado ante los ojos de una multitud, mientras su limusina descapotada circulaba en medio de una caravana oficial por el centro de Dallas.

Ni sus guardaespaldas, ni su esposa, Jacqueline, ni nadie pudieron protegerlo de las balas que impactaron en su pecho, garganta y cráneo.

Poco después del magnicidio, las autoridades detuvieron en una sala de cine a un muchacho desgarbado y de aspecto anodino cuyo nombre pasaría a la historia: Lee Harvey Oswald, un marine desertor que vivió cuatro años en la Unión Soviética. 

El momento justo; John Kennedy cae abatido por un proyectil mientras su esposa, Jacqueline, intenta bajar del auto y un guardaespaldas oficial se acerca corriendo.

Oswald siempre negó su participación en los hechos y afirmó incluso que alguien lo había suplantado. Pero nunca pudo defenderse. Dos días después, un mafioso llamado Jack Ruby surgió de entre la gente que lo esperaba a la salida de una comisaría, le disparó a quemarropa y lo mató ante las cámaras de la televisión antes de que pudiera testificar.

Desde ese momento algo olió mal en el tratamiento que las autoridades le dieron al caso. ¿Por qué desprotegieron a Oswald si este era el principal sospechoso? ¿Qué papel jugó la mafia? Aunque el misterio continúa, entre los documentos más llamativos se encuentra un memorando del 24 de noviembre de 1963 (es decir, dos días después de la muerte de Kennedy).

Se presume inocente; Lee Harvey Oswald, presunto asesino del presidente Kennedy, fue asesinado a tiros por un mafioso antes de declarar. Siempre sostuvo su inocencia.

Documentos publicados muestran a su vez que la CIA se alió en varias ocasiones con la mafia para realizar operaciones internacionales (como matar a Fidel Castro) y también que Ruby no era desconocido para sus agentes. Aunque no hay datos que apunten a que ese tándem actuó contra Kennedy, esa circunstancia arroja aún más sospechas sobre los objetivos de esa agencia en este proceso. Según los documentos publicados el jueves, no solo la CIA estaba detrás de Oswald, sino que también los agentes del FBI en Dallas le estaban respirando en la nuca apenas un mes antes del magnicidio.

Todo lo anterior les da fuerza a algunas de las teorías conspirativas que han sido publicadas en este medio siglo. La mayoría de ellas apuntaba a que Oswald no actuó solo, por lo que Ruby no habría sido más que un sicario encargado de silenciarlo para que no denunciara a sus cómplices, entre los que se encontrarían supuestos agentes estatales como el ‘hombre del paraguas’ o el del ‘montículo de pasto’ (grassy knoll).

Conociendo Rusia; los rusos siempre estuvieron en la sospecha ya que el asesinato se produce en un momento álgido de la guerra fría.

Una versión ‘oficialmente’ falsa

Lyndon Johnson, que asumió el cargo como vicepresidente de Kennedy, organizó el primer intento del gobierno por desentrañar el misterio. Con tal fin, organizó una comisión presidida por el fiscal Earl Warren, que interrogó a 25.000 personas, recogió 3.000 evidencias físicas y tomó 10 meses. Concluyó que tanto Oswald como Ruby actuaron solos y que los servicios de inteligencia solo habían fallado en cuanto a no haber evaluado correctamente los riesgos de los nuevos desplazamientos del presidente. Como resultado, las teorías conspirativas se dispararon.

El gestor; John Kennedy participo de las gestiones que hicieron derribar el muro en la Berlin Oriental, corrían rumores sobre su intención de quitar las tropas de Vietnam.

Desde el principio, los rusos estuvieron a su vez entre los principales sospechosos del magnicidio junto con sus aliados cubanos, pues el magnicidio tuvo lugar en uno de los momentos más álgidos de la Guerra Fría.

En buena medida, los documentos publicados dan fe de una tremenda desorganización entre las agencias de inteligencia estadounidenses y también de una gran actividad de los enemigos de Kennedy en los días previos a su asesinato.

Como toda obra incompleta, los historiadores todavía se preguntan qué hubiera sido del mundo si Kennedy no hubiera muerto. La facilidad que tenía el Presidente para corregir posiciones erradas ha llevado a creer que, de haber vivido, las relaciones USA-URSS habrían sido más fáciles y que, en última instancia, se hubiera producido el retiro de las tropas norteamericanas de Vietnam.