Los desmontadores nunca dejaron de hacer sus actividades en la Argentina de la pandemia y la cuarentena: según la organización ambientalista Greenpeace, sólo en el norte del país desaparecieron casi 50 mil hectáreas de monte nativo entre los meses de marzo y octubre, a razón de 200 hectáreas por día (el equivalente a 259 canchas de fútbol).
Sólo cuatro provincias concentraron la pérdida de vegetación nativa: Santiago del Estero, Salta, Formosa y Chaco. Se trata de territorios “incorporados” al mapa agroindustrial del país en los últimos 15 años de la mano del corrimiento de la frontera agrícola y de tecnologías que permiten hacer cultivos y ganadería aún en zonas consideradas como marginales para ese tipo de explotación.
El mapa del desmonte
Los datos desagregados por provincias indican que en Santiago del Estero se desmontaron 19.673, en Salta 12.863; 10.011 hectáreas en Formosa y 6.109 en Chaco. Estas cuatro jurisdicciones concentran el 80% de los desmontes del país. La principal causa es el avance de la frontera agropecuaria, por ganadería y soja.

Consecuencias
Existen innumerables trabajos académicos que explican las gravísimas consecuencias de la deforestación sobre la naturaleza, algo sobre lo cual los expertos vienen alertando desde hace décadas. La actual pandemia que paraliza al mundo es una de esas consecuencias, y se ha advertido sobre una inminente “era de las pandemias” si el humano no cambia drásticamente la relación que mantiene con el mundo que lo contiene y alberga.

“Los gobiernos no pueden seguir siendo cómplices de este ecocidio y deben ponerle un freno a la ambición destructiva de algunos empresarios agropecuarios”, afirmó Hernán Giardini, coordinador de la campaña de bosques de esa organización.
“Más desmonte significa más cambio climático, más inundaciones, más desalojos de comunidades campesinas e indígenas, más desaparición de especies en peligro de extinción y más enfermedades. Destruir bosques es un crimen que debe prohibirse y penalizarse”, sintetizó Giardini.
