Todo vale en el camino de la subsistencia. Primero subsistir como sea, colgado de los fondos públicos, después veremos el asunto de la ética.
EL PERONISMOEl peronismo es como es. Aquellos que se molestan frente a las migraciones de los militantes, deberían entender que lo primero para el peronista es la subsistencia. Por eso no debería ser sorpresa que se haya aplaudido a Menem con aparente fanatismo mientras estuvo en el poder y se lo haya olvidado antes de las veinticuatro horas de estar en el llano. Todo hace suponer, entonces, que pasará lo mismo con Cristina. Mejor dicho ¿por qué, si ya pasó con Menem, no pasaría lo mismo con los Kirchner?
LAS MINORÍAS ILUMINADAS.
En el peronismo, las migraciones internas, (alevosas o no, como las de Mónica López), son moneda corriente y son siempre para subsistir. Los peronistas no se equivocan cuando se trata de permanecer. Se equivocan las minorías que sueñan con convertirse en vanguardias del movimiento como, por ejemplo, el “Menemismo” o otros iluminados que, primero parasitan al peronismo y de inmediato pretenden modificarlo, como es el caso del “kirchnerismo” o su engendro “La Cámpora”. Uno se pregunta ingenuamente: ¿Para qué lado lo habrán querido llevar? Tal vez hacia la derecha unos y hacia la izquierda otros. Es indistinto y totalmente intrascendente. El peronismo es todo y no es nada, deben comprender que el peronismo es totalmente original, como el tango, te guste o no es un hijo de nuestro pueblo y pasarán más de una generación hasta que desaparezca o sea reemplazado. Ya su conductor lo había dicho ni izquierda ni derecha, tercera posición, su amplitud, su elasticidad, lo hace casi inmortal. No importa, de todos modos, lo que queremos decir es que todo esfuerzo por transformarlo, resultó inútil y sigue resultando inútil. Los kirchneristas hicieron un esfuerzo notable para convencer a los jóvenes de que el peronismo era un movimiento de izquierda, zurdo y solo persuadieron a un ínfimo porcentaje que ya eran progresistas o sea que no consiguieron nada. El peronismo (aunque parezca mentira), no puede ser infiltrado porque tiene su propio traspaso generacional, va de padres a hijos y se ha hecho carne en la mayoría.
SCIOLI.
Con Scioli vuelve el peronismo histórico o tradicional, para darle un nombre. La minoría “K” tiene poca vida, solo quedarán aquellos que detentan cargos estables en los ministerios o en lugares estratégicos de la administración pública. Siempre que sea en la planta permanente de las reparticiones, los otros tendrán que irse no servirá la protección de la Cámpora ni de nadie. Scioli no moverá un dedo en caso de ser Presidente para proteger la “militancia”, “el modelo” o como se llame el invento. Eso será considerado como la traición de Scioli.
PIROLA.
¿Qué es Pirola? ¿Peronista ortodoxo, peronista de izquierda, de derecha, chino o ruso? Nada de eso, Pirola es peronista a secas. Todo lo que es, se lo dio el peronismo. Por eso aplaude cuando hay que aplaudir y olvida cuando hay que olvidar. Eso es natural para Pirola. Antes le tocó a Menem, ahora le toca a los Kirchner, qué le vamos a hacer. Las abuelas de plaza de Mayo, la Bonafini, los montoneros, la morsa, los derechos humanos, Lázaro Baez y todo ese folclore, gane quien gane, si amenazan la subsistencia del núcleo, serán negados e incluso acusados. Nadie reconocerá a nadie, todos los que tengan que ser negados, lo serán. Otro cotillón lo reemplazará o no, será el “sciolismo” o cualquier cosa, no importa, porque también será temporario, pasajero. Qué curioso, todo se hace cada vez más fugaz, más efímero. Scioli será (seguro) más breve que Menem y que Néstor, más soportable que Cristina, ojalá. En realidad para Pirola es lo mismo, lo importante es la permanencia. La suya, claro.
El monstruo peronista defraudador de aventureros seguramente terminará por aplastar también a la utopía “K”. Gane quién gane, la minoría irá, sin salvación “a menos”, hasta desaparecer. Mucho antes de los cuatro años que espera al rejuntado “K” en el llano, habrá desaparecido, sin duda. Ese es el destino de todas las minorías que nacen dentro del gran movimiento. Parasitan, creen que lo infiltran, pretenden someterlo y cambiarlo, pero nunca lo consiguen.
Pirola y los que son como él, aplaudieron para sobrevivir, porque así es el peronismo, sus militantes saben que lo primero es subsistir porque el retorno es infalible. El hoy Senador Pirola es un fiel exponente de esa mentalidad. Los simpatizantes peronistas saben muy bien de esa conducta. No se trata de algo condenable o valorable, simplemente es así, siempre fue así, el que ignora este axioma corre el riesgo de llorar en los rincones. Pirola aplaudió a Menem, a Néstor y Cristina mientras estuvieron en el poder, ahora aplaudirá a Scioli, la idea era subsistir. Así es la cosa.
Scioli representa el retorno del peronismo histórico. La minoría kirchnerista lo intuye, también sabe que desaparecerá tarde o temprano. Cristina y Néstor serán recuerdo o, tal vez, ni siquiera eso, se sentirán traicionados por Scioli, tratarán de destruirlo, aunque saben que Scioli (si gana) no tiene más remedio que traicionarlos, caso contrario se convertiría en un pusilánime, eso es justo lo que Scioli no está dispuesto a asumir.
El Senador se saca la foto con Scioli el vapuleado, insultado y castigado hasta la ignominia por la minoría cristinista y también por el mismo Senador cuando los que insultaban garantizaban la subsistencia. Hoy los Kirchner no son garantía de nada. La foto de Pirola con Scioli es lo que certifica el retorno del otro peronismo, el que no estaba, el de siempre. Los kirchneristas se consumen irremediablemente, llevan encima el ácido que los termina, más se resisten peor es, como en una arenana movediza se hunden poco a poco, ahora solo deben preocuparse por no ser un mal recuerdo porque, como dice el tango, en diciembre “van a entrar en el pasado”. Gane quien gane, la vanguardia cristinista ya está envuelta para regalo. Pirola lo sabe y se une a la tropa ordotoxa que los pasará por encima, Pirola ya se metió en la cola de los grandes garrochistas que saltan de una vereda a otra y no lo para nadie. Aquellos que reclamen dignidad en nombre de la ética serán defraudados. Los grandes movimientos no tienen moral, su único objetivo es la subsistencia.
