Muchos países han adoptado el sistema monárquico de gobierno. La monarquía democrática exige la elección de un primer ministro que gobierne. Nuestra ciudad se inscribe en esa corriente con una Intendenta que reina y un premier que conduce.La Intendenta Meiners ha inaugurado el novedoso sistema de gobernar con un primer ministro. No se dice en esta nota que esa forma de ejercer el poder municipal sea buena o mala, solo decimos que es una realidad innegable.
En el 2007 arrancó con su yerno, un tal Santesso, quien, viendo que la señora recién llegaba y no sabía ni como se llamaba, se hizo cargo de la acción de gobernar.
Desde las sombras, sin poner demasiado la cara, Santesso llevó a cabo un trabajo de intrigas, agresiones y politiquería barata, cuyo objetivo fundamental era reducir a la oposición radical al tamaño de un grupo de presión que solo era un obstáculo que impedí llevar a cabo el supuesto plan revolucionario ideado por Meiners y sus amigos para la ciudad.
Por supuesto que durante el corto reinado de Santesso no se hizo absolutamente nada, solo se instaló el discurso de que los concejales radicales no querían que el justicialismo consiga una buena gestión. La figura de Santesso no llegó a crecer demasiado porque cayó en desgracia. La hija de la señora lo dejó en banda y entonces el “premier” optó por retornar a su antiguo puestito en el Senado de la Provincia.
Los contribuyentes respiraron aliviados. Habrán pensado, “bueno, ahora nos conducirá la primera dama que para eso la hemos votado”. Se equivocaron, al poco tiempo llegó otro primer ministro, el abogado Albarracín, mejorando al anterior, con ínfulas desmedidas, cara de poker y una audacia nunca vista en el departamento Las Colonias.
El abogado Albarracín -debemos reconocer- fue realmente un primer ministro. Por lo menos “se la creyó”. A tal punto se la creyó que por momentos durante su servicio hizo olvidar la existencia de Meiners (que tampoco se esmeraba mucho por sobresalir).
La cosa, con este personaje, llegó a tal punto de ebullición que no había jornada en la que no surgiera la polémica, todo el mundo se peleaba por conceptos rebuscados que no llevaban a ninguna parte. El punto culminante de la presión ejercida por Albarracín hacia la mayoría radical en el Concejo fue cuando -en una acción propia de un Duce- suspendió el pago de las dietas por varios meses.
La arrebatadora (y molesta) personalidad de este señor, fue el motivo que llevó a la señora a rajarlo entre gallos y medianoche. Seguro alguien de la familia Meiners le habrá hecho notar a la Intendenta que el jurisconsulto se había adueñado del centro de la escena municipal y la dejaba a ella como una perfecta idiota.
Con Albarracín en su casa, exiliado y casi anulado en su ambición el puesto de caudillo quedó vacante.
Entonces llegó el turno de Gómez, que aterrizó como ladero de la alcaldesa de prepo y sin concurso. Otro premier con ínfulas pero con perfil administrativo. Si bien el jovenzuelo está agrandado a tal punto de creer que puede fumar dentro de una garrafa, por lo menos, se esfuerza porque le cierren las cuentas y parece creer que -cobrando locuras a los vecinos- las obras se pueden hacer.
Bueno, “las obras”, es demasiado decir las obras, digamos pavimento y ripio que, de paso, es pagado religiosamente por los sufridos frentistas.
Lo peor de Gómez es que tiene un espíritu recaudador. Todo lo que dice, hace y propone se refiere a acciones que son un cañonazo al bolsillo del ciudadano esperancino.
Reforma de tasas, estacionamiento medido, multas a todo bicho que camina, trámites municipales carísimos, en fin, todo lo que sea agresivo para la gente, es materia de estudio para Gómez.
No creo que vaya muy lejos, aunque la familia Gómez, está esperanzada en que el muchacho sea el Intendente en un futuro cercano. ¿Ésta ciudad se lo merece?. Es posible, pero mejor no meterse con esta gente. No vaya a ser cosa que tengan razón.
Mientras tanto la Intendenta hace la plancha, duerme la siesta y la usan solamente para entregar ramos de flores cuando nos visita la reina de la bondiola.
Por supuesto que si alguien quiere saber cuántos empleados tiene el municipio o pedir una lista de proveedores, la Intendenta dice que le pregunten a Gómez. Porque esas cosas la manejan los técnicos. Ella no tiene por que saber cuántos empleados tiene la municipalidad o cuanto se gasta en combustible.
Lo mismo que en Inglaterra, la Reina está completamente ausente, es una figura decorativa, el que gobierna es el premier.
¿No estaremos anticipando el futuro, no estaremos revolucionando el sistema de gobierno de las municipalidades y comunas? Puede ser, pero por las dudas, pregúntenle a Gómez.
