Esperanza en otros años competía palo a palo con Rafaela. Se disputaban el liderazgo regional que hoy en día, no queda ninguna duda de quién lo ostenta.
RAFAELA, EL VECINO RICO
Es un lugar común comparar a Esperanza con Rafaela. Lo que pasa es que en una época las dos ciudades supieron estar a la par, y en algunos rubros nuestra ciudad se adelantaba (aunque sea difícil de creer) a la Perla del Oeste. Hoy es impensada la comparación. Los rafaelinos nos superan en todos los frentes, desde la cultura hasta el comercio, el conocimiento superlativo adquirido por toda su clase dirigente ha establecido una distancia con la nuestra imposible de desandar. Sirva la mención del vecino como parámetro de lo que fuimos y de lo que deberíamos ser en la actualidad. Aunque sea para intentar detener la caída.
SABER, NO SABER, DA LO MISMO
Con algunos difuntos colgados en el ropero ( por ejemplo, la cada vez más impagable financiación del pavimento y el faraónico Parque Industrial), la gestión municipal se dirige (sin mucha alegría) hacia su tercer mandato. Ganó la elección y el único movimiento notable que realizó fue la promoción de Alfonso Gómez a Gobierno, desplazando a Luciano Anza. Con el plus de que Gómez, en franco ascenso, retendrá el cargo que ostentaba como Secretario de Hacienda sumando el nuevo. La movida le hace un flaco favor a Anza cuya importancia se reduce a la nulidad absoluta. Fue como decirle “andate que jugamos con uno menos, total es lo mismo”. Ese puede ser uno de los motivos de nuestro fracaso repetido.
“¿FRACASAN PORQUE NO SABEN, O NO SABEN POR QUÉ FRACASAN?”
El partido Justicialista venía desde el 83 llorando derrotas, una y otra vez siempre que se presentaba mordía el polvo. Hasta que un día empachados de fracaso tuvieron que parar la pelota. Eso no fue fácil porque significó el reconocimiento público por parte de los “compañeros” de una probada condición de “piantavotos” que no era sencillo reconocer. Comenzaron entonces a pescar candidatos extrapartidarios de gusto y paladar gringo para ver si se podía arrimar el bochín. La mejor elección se corresponde con la llegada de Herzog, que venía de la Democracia Cristiana, con una gestión de “facto” bastante correcta. El hombre tenía un perfil austero y modesto gracias al cual consiguió para los “muchachos” una banca en el Concejo. La banca no era del todo peronista, pero servía para salir de perdedores. Y en tren de perder, es cierto, perdieron un par de veces más, hasta que llegó Ana Meiners como del cielo, para aprovechar el desgaste radical, la famosa inundación y ganar. Meiners no era “extra” partidaria, venía de familia peronista, igual le pegaba en el palo a la cultura gorila avalada por un número notable de propiedades y otros menesteres. Hoy, con estilo conservador y perfil “buenudo”, la intendenta le dio al justicialismo un notable tricampeonato. Dentro de cuatro años cuando se retire, el “peronismo” local, alienta el lógico temor de volver a la zona de perdedores.
EXCUSAS Y VICTIMIZACIONES
Esta pequeña historieta se juzga necesaria porque la condición de “perdedor” viene sola y fácil, pero es harto complicada de expulsar, los que la padecieron sufren el drama de volver al llano en cualquier momento, y lo peor, no pueden evitar actuar con esa paranoia en el Gobierno.
Ejemplo patente son las razones y pretextos para justificar los errores que la gestión pueda cometer aludiendo a la falta de presupuesto. “No tenemos presupuesto por lo tanto fracasamos”, dicen como si fuera la primera vez, pero si nos remitimos a casi 8 años atrás, el eco del aquel llanto resulta idéntico al que se escucha por estos días. La cuestión es que el presupuesto es una herramienta, como si se tratara de un martillo que se puede emplear para clavar un clavo o para romperle la cabeza a un semejante. La herramienta depende en exclusiva de quién la usa, a tal punto que si el que la usa es torpe la herramienta no responderá a las expectativas.
También se sabe que un funcionario hábil lo seguirá siendo con los elementos que tiene a su alcance. Mientras tanto la única demostración de la existencia de un gobierno en la Municipalidad resulta ser la promoción del nuevo Albarracín que ahora se llama Gómez, un joven eficiente, agrandado a tal punto que se siente con capacidad para fumar dentro de una garrafa. Lo único contradictorio es que Gómez es el primero en decir que sin presupuesto no se puede.
Con o sin presupuesto, el que sabe, sabe. Si no se usa el ingenio y se promociona a gente de mejor ingenio no vamos a adelantar jamás.
