Afortunadamente, como sucede cada cuatro años, nuestro sistema de convivencia político constitucional democrático nos permite decidir acerca de las principales problemáticas y temas que nos conciernen como sociedad, eligiendo a quienes tendrán la responsabilidad de construir los mejores caminos posibles para atender esas demandas y buscar la articulación social más armónica posible, entre otros deberes.
Hoy resulta innegable que en toda elección que efectuemos en nuestra vida hay una concurrencia de factores emocionales y racionales. La elección de gobernantes no resulta una excepción a dicha regla.
En la mayoría de las ocasiones, la diversidad de esos factores, donde un factor determinado nos estimula a elegir por una opción y otros nos inducen hacia otra, suele llevarnos a auténticos dilemas, situaciones de dudas, contrariedades y angustia hasta abrumarnos en medio de una campaña donde nos encontramos sobre estimulados por el “clima político” imperante y en especial la publicidad electoral.
Pero en esta oportunidad, el caso de la elección de la fórmula de gobernador y vicegobernador que conducirá los destinos de la Provincia, la situación debiera aparecer más sencilla y menos contrariada para los esperancinos. Básicamente porque al contar con un esperancino integrando las fórmulas de candidatos a gobernador y vice, implica que la mayoría de los argumentos para nuestras decisiones confluyen hacia una misma opción.
Hay razones de gran fuerza que nos movilizan para que un vecino de nuestra ciudad pueda integrar un binomio que defina las grandes cuestiones estratégicas de la provincia que integramos. Solo basta con enumerar los principales.
• El sentimiento de que Esperanza, a través de uno de sus vecinos y dirigentes, integre esos espacios institucionales. Cualquier comunidad de otra ciudad haría hasta lo imposible por algo similar, sólo basta con ver Rafaela.
• La garantía que esto implicará para la ciudad de que se escucharán sus necesidades y, especialmente, se atenderán de forma concreta y rápida las mismas.
• El crecimiento de la influencia de Esperanza en el escenario político provincial, jerarquización que permitirá una mayor inserción y priorización de los temas de interés local en la agenda política provincial, con su correlato en el presupuesto provincial de los asuntos que más interesan a las fuerzas vivas esperancinas. La jerarquización de los intereses de una localidad no se logra con meras cuestiones declamativas, sino con la presencia concreta en espacios institucionales determinados.
• A través de dicha representación gubernamental, las instituciones de la ciudad podrán jerarquizarse y lograr un posicionamiento más sólido a nivel provincial en sus correspondientes sectores y temáticas.
• Un vecino a quién sabremos que encontraremos para solicitar una gestión o una explicación, mientras que las restantes opciones se integran por personas que siempre estuvieron meramente “de paso” por la ciudad.
De las razones detalladas, resulta claro que votar al binomio Miguel Lifschitz – Carlos Fascendini es un voto esperancino, un voto por Esperanza.
