Es una muerte natural que ocurre instantáneamente o dentro de la primera hora desde el comienzo de los síntomas, en un paciente con enfermedad previa conocida o sin ella, pero en el que el momento y la forma de la muerte son totalmente inesperados.
Los tres términos en los que se apoya cualquier definición de muerte súbita son: 1º natural, 2º inesperada y 3º rápida. Desde el punto de vista epidemiológico, es útil extender el tiempo límite para la muerte biológica a 24 horas después del comienzo de un proceso patológico, como la fibrilación ventricular, que puede conducir a un daño irreversible que produzca la muerte.
Se desconoce todavía la incidencia absoluta. Hay dos períodos de la vida en los que se centra la mayor incidencia de muerte súbita: 1º, entre el nacimiento y los 6 meses de edad y 2º, entre los 35-70 años. en ambos grupos existe un notable predominio de los varones.
La muerte súbita debida a aterosclerosis coronaria es generalmente el resultado de una arritmia cardíaca. La mitad de los pacientes que mueren súbitamente y que presentan aterosclerosis coronaria han padecido un infarto de miocardio entre las seis horas y la semana anterior al accidente. Sólo un 15% de los enfermos presenta síntomas significativos una hora antes de la muerte.
Muchas otras enfermedades cardiovasculares pueden causar la muerte súbita. La estenosis aórtica, la hipertrofia septal asimétrica, la mayor parte de miocardiopatías y miocarditis, al igual que la hipertensión pulmonar primaria o secundaria, son las causas más importantes. Numerosos trastornos del ritmo y algunas formas de bloqueo cardíaco cursan con un riesgo elevado de muerte súbita.
Debido a que gran parte de las muertes súbitas cardíacas ocurren de forma inesperada y fuera del hospital, las medidas preventivas deben centrarse en: 1º identificación y control de los factores de riesgo tratables, y 2º aplicación rápida de los cuidados médicos urgentes.
Todavía no se sabe si el control de los factores de riesgo identificables puede reducir la incidencia de este problema, incluso los servicios de reanimación mejor dotados sólo consiguen una supervivencia relativamente baja. Esta última afirmación no resta valor a estos servicios sino que hace hincapié en la necesidad de desarrollar métodos para la prevención primaria.
