Señales para una ciudad mejor: Abrir paso a la juventud

Para mejorar un poco la situación de la ciudad es necesario evitar errores. El buen uso de la democracia aconseja aprovechar al máximo el recambio y así potenciar las nuevas ideas.
1) UN CARGO PÚBLICO NO HACE ÚTIL A UN INÚTIL
Se ha desnaturalizado la función pública. Hay individuos que en el llano son inútiles y atorrantes, no quiere decir que luego de electos dejen de serlo. Hay concejales, Intendentes y hasta Diputados que han sido elegidos de casualidad, o porque estaban accidentalmente en el lugar correcto o porque acertaron con el partido que ganó las elecciones. Estos individuos, casi todos deudores crónicos de la sociedad, una vez instalados en los sillones oficiales se convierten en acreedores de la misma gente que los ungió en los cargos. Ellos mismos creen que han dejado de ser los atorrantes que eran y, cargo mediante, se han transformado en quién sabe qué califas, en condiciones de pontificar con voz de doctores sobre el sentido de la vida. No estamos diciendo que un inútil no se pueda corregir, estamos diciendo que un cargo público por importante que sea, no convierte, de la noche a la mañana a un inútil en un individuo eficiente.
2) LA POLÍTICA DEVALUADA
Se trata de revalorizar la función pública. Se trata de tomar conciencia de que aquellos que trabajan para el Estado no necesariamente deben volverse delincuentes, coimeros y tránsfugas, por más que los ejemplos que llegan desde lo más alto sean poco edificantes. El Estado, quiérase o no, es el factor natural de la proyección de la comunidad. Si por debilitamiento funcional o por ocupación del mismo por una banda de ladrones, deja de ejercer su autoridad o se muestra incapaz para conducir a la ciudadanía, entra en un proceso de relajamiento que lleva a su desintegración lisa y llana.
Cuando el poder pasa a manos de los mediocres la comunidad pierde su dinamismo vital. Lo mismo acontece si la minoría dirigente degenera y da la espalda a los valores que surgen naturalmente del pueblo. Las primeras señales de la decadencia se reflejan de inmediato en las sociedades que padecen a funcionarios chambones y los síntomas aparecen a diario: alcoholismo, sedentarismo, abulia, droga, violencia, que advierten sobre la falta de capacidad funcional para reaccionar a los problemas.
3) “ATORNILLARSE” EN EL CARGO FAVORECE LA DECADENCIA
No podemos tener un Intendente más viejo que el Gobernador, inclusive más viejo que el Presidente. Es antinatural. ¿Qué le queda a los jóvenes que pretenden ingresar a la política, si los viejos se les meten por todos lados? No pueden hacer sus primeras armas, los puestos donde deberían hacer “experiencia” están ocupados. Gente jubilada, con la vida hecha, estorba a los más chicos ocupando los lugares que, naturalmente, son necesarios para iniciar una carrera política. ¿Por dónde arrancan los muchachos si los que deben retirarse siguen en la silla del Concejo y de la Intendencia? En nuestra ciudad, el Concejo, está renovando sus filas para bien. Queda alguno que otro individuo que no se ablanda con el primer hervor, es cierto, pero reconforta saber que los últimos de la línea gerovital que subsisten en el cuerpo de la calle Lehmann no van a durar demasiado. En la Intendencia en cambio la cosa es más alarmante porque la candidata fue votada y amenaza con postularse en el 2015. No podemos tener un Intendente de más de 70 años, porque la Intendencia es un puesto ejecutivo. Los viejos, por naturaleza, son ultra conservadores, conservan todo, las calles rotas, los caminos sin repasar, los pozos, los edificios en ruinas, la plata bajo el colchón, en fin, basta mirar la ciudad, las telarañas avanzan. El Justicialismo tiene algunos pibes en la reserva, sería bueno que postulen a alguno del semillero. Los otros partidos están renovando, los candidatos no deberían pasar de cuarenta.
4) LA RESISTENCIA AL CAMBIO
En los papeles todos están por el cambio, en los papeles, después se quieren quedar a vivir en la Municipalidad. En realidad, lo único que garantiza la esperanza de una ciudad mejor es justamente el cambio. Cambiar un Intendente por otro cada cuatro años sería lo ideal. Si no se puede, bueno, que se quede un período más, pero cuando el sujeto se atornilla en el trono, la cosa se complica. Más se complica cuando el “re-re-reelecto” acusa más años de los aconsejables para conducir a un pueblo de 40.000 habitantes. Las ciudades envejecen o rejuvenecen con su Intendente. Lástima: nos tenía que tocar a nosotros este predominio de la línea gerovital. Ojo, la situación es bastante grave ya que es evidente que nuestro Intendente le da un ritmo demasiado lento a todo. Demora, hace tiempo, tira la pelota afuera. Las calles no dan más de rotas, los caminos de tierra son para el festival del llanto, el mismo Municipio está sucio y derruido. El palacio Stoessel es una muestra de la situación, no se solucionan los problemas, se los tapa. No hay control de nada.
5-) ROTAR AL INTENDENTE
Tal vez rotando al Intendente se consiga un poco de imaginación para solucionar los problemas, al menos un poco de ganas. Si no se consigue imaginación o ganas, que por lo menos se consiga juventud. Anima ver candidatos jóvenes que esperan turno para desarrollar sus ideas con entusiasmo. Los dos partidos más importantes de la ciudad están candidateando a muchachos jóvenes. El Justicialismo, partido gobernante, deberá luchar contra las intenciones de la Intendenta, que, hoy por hoy, oficia de tapón para la llegada de los que vienen detrás. Desde el partido peronista dicen que verían con agrado un turno más de la señora en el Municipio. Si eso sucede, solo nos quedaría un camino que aún no hemos recorrido como ciudad: afiliarnos al PAMI.