{"id":25376,"date":"2017-09-21T11:44:56","date_gmt":"2017-09-21T14:44:56","guid":{"rendered":"http:\/\/www.almargenweb.com.ar\/web\/?p=25376"},"modified":"2017-09-21T12:07:39","modified_gmt":"2017-09-21T15:07:39","slug":"de-marinero-a-centro-forward","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.almargenweb.com.ar\/web\/de-marinero-a-centro-forward\/","title":{"rendered":"De marinero a centro forward"},"content":{"rendered":"<p>La historia de Heinrich Peter Theelen, el marinero alem\u00e1n que sobrevivi\u00f3 al hundimiento del Admiral Graf Spee y jug\u00f3 dos partidos en la Primera de Uni\u00f3n de Santa Fe.<!--more--><\/p>\n<p>Heinrich Peter Theelen se calza el bot\u00edn zurdo: es de cuero marr\u00f3n, de tapones cortitos, limados. Lo ajusta sobre la gruesa media gris. Ya se hab\u00eda engominado el pelo, calzado la camiseta a bastones rojos y blancos, el pantal\u00f3n, quiz\u00e1 demasiado grande, de color negro. Va a debutar con su nuevo club: Uni\u00f3n de Santa Fe. Es el 28 de abril de 1940, y la instituci\u00f3n va a jugar su primer partido por los porotos, en un torneo como afiliado a la Asociaci\u00f3n del F\u00fatbol Argentino.<\/p>\n<p>Heinrich se hace llamar Enrique. Uno de sus compa\u00f1eros de equipo, el que habla algunas palabras en alem\u00e1n, un tal Ulrich, le ha dicho que eso es lo mejor. Desde entonces cuando le da la mano a alguien para presentarse, dice inmediatamente \u201canrique, anrique\u201d.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 a Santa Fe el 29 de marzo, en un tren cansado que resoplaba vapor, a una estaci\u00f3n viva de gente. Algunos vest\u00edan muy a la europea, otros de paisano cargaban jaulas con gallinas y atados de trapos con ropa. Hab\u00eda un chico que voceaba el diario El Orden, y un pregonero en su puesto de pastelitos. Era un d\u00eda luminoso, y Heinrich s\u00f3lo sab\u00eda que ese lugar transparente y alucinado era la ciudad de Santa Fe. Se le antojaba bastante menos trajinada que Buenos Aires.<\/p>\n<p>Dos d\u00edas despu\u00e9s ya lo hab\u00edan llevado a probarse al club. Enseguida le dieron una camiseta con el n\u00famero 9, un apret\u00f3n de manos y una sonrisa. Le dijeron: \u201cDale alem\u00e1n, and\u00e1 a probarte\u201d. \u00c9l, por supuesto, no entendi\u00f3 nada. S\u00f3lo agarr\u00f3 la ropa, se dej\u00f3 conducir al vestuario mirando la cancha, que parec\u00eda el recorte rectangular de una pradera b\u00e1vara, con la hilera de pinos en el lateral de enfrente. Se visti\u00f3 y sali\u00f3 a la cancha. Sus compa\u00f1eros lo miraban con recelo.<\/p>\n<p>El rival era un equipo con camisa blanca cruzada por una banda roja. Con los a\u00f1os entender\u00eda que fue part\u00edcipe de una historia grande. Esa tarde enfrent\u00f3 en un amistoso a la m\u00e1quina de River, con el Charro Moreno, Peucelle y Pedernera.<\/p>\n<p>Un par de semanas despu\u00e9s ya era uno m\u00e1s del plantel. Ulrich le traduc\u00eda como pod\u00eda algunas de las bromas. Tambi\u00e9n le ayud\u00f3 a entender la pregunta de uno de los dirigentes del plantel. Un tipo gordo, de traje y chaleco. Le dijo: \u201cAs\u00ed que estuviste en la Batalla del R\u00edo de la Plata, contra los ingleses. Dale, cont\u00e1. \u00bfC\u00f3mo fue?\u201d<\/p>\n<p>Entonces, fue r\u00e1pido para excusarse, ampar\u00e1ndose en dos palabras que repiti\u00f3 obsesivamente: \u201cNo entiende\u201d, dec\u00eda toc\u00e1ndose el pecho con el \u00edndice. \u201cNo entiende\u201d. Pero esa noche se desbarranc\u00f3 por el aceite caliente de la pesadilla, por la lubricidad del petr\u00f3leo, la \u00faltima batalla librada por el Graf Spee, el incendio en la cocina, la sangre de los muertos mientras el agua entraba a borbotones y el humo lo dejaba casi ciego entre el miedo y el desamparo.<\/p>\n<p>Ah\u00ed vio a la muerte. Una silueta oscura, alt\u00edsima. Hubiera sido la figura de una mujer de no haber caminado tan l\u00e1nguida, placentera entre el fuego y las explosiones.<\/p>\n<p>Era recurrente esa pesadilla. Reviv\u00eda el olor de la carne quemada y el viento ardiente de combustibles. El Admiral Graf Spee, donde \u00e9l se hab\u00eda desempe\u00f1ado como cabo de se\u00f1ales. El \u201cacorazado de bolsillo\u201d como lo hab\u00eda bautizado la prensa inglesa. Le tem\u00edan por su condici\u00f3n de corsario fantasma, por su capacidad de atacar y desaparecer en un instante, en mitad de la noche o del mediod\u00eda. Pod\u00eda estar a la vista desde la costa de Ciudad del Cabo y desmaterializarse, para aparecer una semana m\u00e1s tarde ante el puerto de Pernambuco.<\/p>\n<p>Nueve buques supo mandar a pique, y capturar sus tripulaciones sin siquiera provocar una sola muerte. Destruy\u00f3 50 mil toneladas brit\u00e1nicas en distintos oc\u00e9anos. Una leyenda el Graf Spee, hundido a dinamita por propia voluntad de su capit\u00e1n, Hans Langsdorff, el 17 de diciembre de 1939, luego de la Batalla del R\u00edo de la Plata, que engendrara en Theelen la pesadilla recurrente, esa que \u00e9l quiere olvidar jugando al f\u00fatbol.<\/p>\n<p>El equipo de Uni\u00f3n sale a la cancha. Las tribunas de madera est\u00e1n repletas. Hombres de saco y camisa, de sombrero y hasta mujeres con extra\u00f1os gorros de tela al sol infernal de esa tarde h\u00fameda, aplauden. Es el primer partido oficial contra Estudiantes de Caseros.<\/p>\n<p>23 minutos despu\u00e9s, Heinrich o Enrique, qu\u00e9 importa, se matricula en la leyenda. \u00c9l, que hab\u00eda jugado en las inferiores del Borussia M\u00f6nchengladbach y s\u00f3lo olvidaba sus pesadillas cuando corr\u00eda pegado a una pelota de cuero, la recibe con una elegancia de corsario de los pies de Ulla, amaga y deja atr\u00e1s al centro has albinegro, se va por la raya, levanta la cabeza y lo ve penetrar entre dos rivales a Ulrich, que le hace una se\u00f1a con la mano. Tira el centro con comba que evita al primer defensor y se cierra para llegarle justita a la diestra de su amigo, que la empalma y pre\u00f1a de gol la red oscura.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ulrich junta la pelota de adentro del arco y corre hacia \u00e9l, y lo se\u00f1ala para que todos los compa\u00f1eros lo vayan a abrazar. Heinrich Peter Theelen, aprieta los pu\u00f1os mirando al cielo, los compa\u00f1eros le saltan encima, lo cubren, lo envuelven gritando \u201c\u00a1Golazo, alem\u00e1n, golazo!\u201d y \u00e9l que no habla m\u00e1s de dos palabras en ese idioma, los entiende de sobra. Por fin, de una buena vez, encontr\u00f3 un lugar para la alegr\u00eda y el olvido. Por fin un poco de paz, en un rect\u00e1ngulo de pasto, en este pu\u00f1etero mundo.<\/p>\n<p>(Nota de la redacci\u00f3n de \u201cUn Ca\u00f1o\u201d: Theelen naci\u00f3 en Rheydt, Alemania, el 17 de abril de 1917. Jug\u00f3 dos partidos en la primera de Uni\u00f3n de Santa Fe y luego no pudo seguir, presuntamente por una lesi\u00f3n. Se cas\u00f3 con una santafesina, Carmen, de 27 a\u00f1os. Tuvieron un hijo que vive en Rosario. Se retir\u00f3 del f\u00fatbol y tuvo un taller de chapa y pintura, despu\u00e9s trabaj\u00f3 para Kaiser, Fiat y Peugeot y lo destinaron a varias provincias. Se separ\u00f3 de su mujer y volvi\u00f3 a Alemania en 1960. Muri\u00f3 en 1973 en Colonia, Alemania. (Por Sergio Ferreyra, \u201cUn ca\u00f1o\u201d)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La historia de Heinrich Peter Theelen, el marinero alem\u00e1n que sobrevivi\u00f3 al hundimiento del Admiral Graf [&hellip;]<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":11,"featured_media":25377,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_seopress_robots_primary_cat":"","_seopress_titles_title":"","_seopress_titles_desc":"","_seopress_robots_index":"","_themeisle_gutenberg_block_has_review":false,"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-25376","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-sin-categoria"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.almargenweb.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25376","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.almargenweb.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.almargenweb.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.almargenweb.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/users\/11"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.almargenweb.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=25376"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/www.almargenweb.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25376\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":25380,"href":"https:\/\/www.almargenweb.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/25376\/revisions\/25380"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.almargenweb.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/media\/25377"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.almargenweb.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=25376"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.almargenweb.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=25376"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.almargenweb.com.ar\/web\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=25376"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}